“El retrato de Jennie”, de William Dieterle (1948).

jennieTraigo hoy al blog una pequeña joya, una película poco conocida, y muy injustamente, creo yo. Supe de ella a través de un amigo muy cinéfilo y amante de lo clásico. Es una arrebatadora historia de amor que atraviesa las barreras del tiempo para unir a dos personajes melancólicos y solitarios. La atmósfera de las escenas, la neblina que a veces les envuelve, la luz de la luna, el sorprendente uso del color en los últimos minutos tras el blanco y negro de toda la historia (el verde de la tormenta en el faro, y el cuadro de Jennie en todo su esplendor como broche final), la gran actuación de todos los actores, sus gestos, sus miradas… hacen de esta película una auténtica obra maestra y creo que un clásico imprescindible.

Conocemos primero a Eben Adams, un pintor con poco éxito porque no es capaz de aportar a sus cuadros el amor que aún desconoce. A pesar de ello no desiste en su empeño de lograr una gran obra, y su mejor amigo lo expresa así:

“Siento respeto por un tipo que hace lo que tiene que hacer aunque eso acabe con él. Bien, lo que tú quieres es pintar y lo haces sin que el resto te importe nada. Me gusta eso, amigo. La mayoría de nosotros piensa que no hay nada que merezca la pena, salvo vivir la vida lo más cómodamente posible. Ganar un poco aquí, otro poco allá, comer, dormir y morir. Entonces te encuentras con un tipo como tú que no se preocupa por nada de eso. Y te preguntas si tal vez no te estás perdiendo algo.”

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Ebben conoce entonces a Jennie Appleton, una niña primero y una espléndida y dulce mujer al final, quien le hechiza con su inocencia y su absoluta seguridad en su amor. Ella le intriga con su misterio, hay algo en ella que se le escapa, que no comprende; Jennie se lo intenta explicar:

“De donde vengo nadie lo sabe, y a dónde voy todas las cosas van. Nada muere, todo cambia, hoy es el pasado de otro tiempo.”

El faro es el escenario del desenlace final, cuando él ya ha desvelado el misterio y la busca con desesperación para salvarla de su destino: el viento furioso, las olas contra las rocas, la escalera de caracol… y el reencuentro:

“Estuvimos solos, sin amor. El tiempo se equivocó, pero tú me esperaste. No hay vida hasta que amamos y somos amados, y entonces no hay muerte.”

Os aconsejo de verdad que no os perdáis esta joya.

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2 pensamientos en ““El retrato de Jennie”, de William Dieterle (1948).

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