Reportaje sobre los último fareros gallegos, en La Voz de Galicia.

File0130Sentí una gran alegría al ver la portada de esta revista dominical: un gran reportaje de Alfonso Andrade con fotos de Ángel Manso sobre los últimos fareros gallegos. Al hilo del duro invierno que hemos sufrido en 2014, estos periodistas entrevistan a Cristina Fernández Pasantes, farera en Cabo Vilán; Eugenio Linares Guallart, farero de Estaca de Bares; y Miguel García Cernuda, farero de Punta Candieira. Pertenecen al grupo de los veintitantos fareros que aún quedan en Galicia. Reflexionan sobre cómo las tormentas van a peor cada año que pasa y los daños que han causado: nos narran con gran serenidad cómo el temporal arrancó tejados y rompió balizas, movió grandes rocas, arrastró furgonetas y tumbó cientos de eucaliptos a su alrededor; recuerdan cuántos naufragios han atendido en su vida y cuántos cuerpos tuvieron que ayudar a recuperar; calculan la probabilidad de que el control a distancia por ordenador les sustituya (aunque coinciden en que, cuanta más tecnología, más averías). Pero también explican cómo invierten el poco tiempo libre que su oficio les permite. Cristina, en particular, ha creado en el faro de Vilán un museo increíble del cual hablaré largo y tendido en otra entrada, ya que tuve el gusto de visitarlo y conocerla en persona hace muy poquito tiempo.

En fin, una lectura muy interesante que nos permite conocer un poquito mejor a estos valientes profesionales, que llevan su oficio metido en la sangre y no escatiman horas cuando peligran vidas humanas. Y es que en el fondo se sienten herederos de aquellos fareros fenicios que antiguamente enviaban señales a los barcos quemando aceite de crustáceos… (Eugenio Linares dixit)

Un pensamiento en “Reportaje sobre los último fareros gallegos, en La Voz de Galicia.

  1. Los últimos herederos de una honorable profesión “a extinguir”, ni reconocida ni honrada como merece; entre los que ha habido verdaderos héroes; héroes de lo extraordinario en las circunstancias difíciles y héroes de lo cotidiano en el día a día de los faros alejados, penosos, aislados. Siempre infatigables en su humilde pero grandisimo servicio. Sin olvidar a sus familias, que siempre compartían las bondades o penalidades del destino de turno. Sirva este humilde homenaje como reconocimiento y agradecimiento a todos ellos.

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