Feliz sexto cumpleaños.

2017 está siendo un año intenso y de mucha actividad personal y profesional. Comenzó mal, con la muy triste pérdida de una amiga que me acompañó en aventuras como la maternidad o la blogosferaLuego llegó a nuestra gran familia un pequeñajo que en vez de un pan bajo el brazo nos trajo un cesto de sonrisas. Y mi casa se puso patas arriba con la presencia de la traviesa Wendy. Me surgió la oportunidad (¡y siempre hay que pillarlas al vuelo!) de conocer Londres y Alemania en dos fantásticos viajes llenos de anécdotas. Laboralmente ha sido también un año de alboroto y cambios, de más carga de trabajo que tuve que compaginar (con mucha ayuda de la familia, menos mal) con oportunidades de aprendizaje tan laboriosas como interesantes. Y en verano estuve colaborando con RadioCoruña para dar a conocer rutas fareras y festeiras por Galicia, lo cual me hizo repasar historias que ya tenía un poco olvidadas; fue una tarea afanosa, grata y llena de nostalgia.

Por otro lado he tenido que despedir a mi viejo pc (y también algunos archivos, snif) y dar la bienvenida a un estupendo portátil que me permite escribir cómodamente desde cualquier lugar (aunque no consiga sacar muchos ratos para hacerlo, pero bueno). Como también guardo tiempo para ver a mis amigos del alma, leer todo lo que puedo (mi lista de libros pendientes darían para varias vidas) y estar al día en mis series y películas favoritas, la verdad es que este año no trabajé tanto en el blog como me hubiera gustado. Y eso que he seguido visitando faros (algunos por primera vez), recibiendo fotos de gente que se acuerda de mí cuando ve un faro en sus viajes, reseñas de películas y libros ambientados en faros, noticias de actualidad que comentaré pronto… en fin, que el mundo de los faros no para y ahora que creo que se avecina una época más tranquila espero continuar con entusiasmo y diligencia.

Gracias de verdad a todos los que fielmente seguís a mi lado a pesar de los pesares. ¡Vamos a por otro año!

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“El faro del viento”, Fernando Alonso.

faro del vientoEl faro del viento” es un libro de cuentos para niños de 9 o 10 años. De entre ellos, los que más me gustaron fueron el de una niña de ojos azules llamada Marta que quiere escapar de una prisión en forma de zapatitos de cristal, que no le permiten subirse a los árboles ni correr; el de una biblioteca popular organizada dentro de un viejo tranvía amarillo; y el de la amistad entre un niño, un gato y un gorrión que viven en una buhardilla.

El cuento del faro habla sobre el talento de un niño que un día descubre una forma de viajar que no contamina ni cuesta dinero. Pero los ricachones del mundo, temiendo quedarse sin la fuente de su riqueza, lo encierran en una isla con un solitario faro. Con inteligencia y paciencia el niño conseguirá todo lo que se proponga.

“Faros de Galicia” en Radio Coruña.

Este mes de julio ha sido poco productivo en cuanto a visitas a faros se refiere. Y por tanto la escritura de artículos se ha resentido también. Pero, para compensaros un poco, voy a compartir los podcast de unas breves intervenciones que estoy haciendo en Radio Coruña los lunes de verano, para reseñar las excursiones que he ido haciendo estos años por las costas gallegas. Como escucharéis, además de faros también recomiendo otros lugares de interés, incluso alguna fiesta muy marinera. Aquí os dejo los enlaces del mes de julio. ¡Espero que os gusten!

 

“La isla del aire”, Alejandro Palomas.

Alejandro Palomas ha sido todo un descubrimiento para mí a raíz de la lectura de “Un hijo“, obra que recibió en 2016 el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil. La historia me emocionó hasta el punto de que en el mismo instante en que la terminé volví a abrirlo por la primera página para releerlo, y disfrutar de los pequeños detalles que ahora sí comprendía. Después llegó “El secreto de los Hoffman” (de 2008), novela con olor a salitre que yo quise imaginar ambientada en Galicia; y por último “La isla del aire” (novela anterior, de 2005). Quizás éste sea el que menos me gustó de los tres. En ellos, el autor da voz a todos los personajes, en un esfuerzo por que conozcamos la historia y psicología de cada uno. En mi opinión lo consigue exitosamente.

En “La isla del aire” nos encontramos a cinco mujeres de la misma familia (los hombres aquí apenas tienen voz), todas ellas enfermas física o espiritualmente. La abuela decide obligarlas a realizar una pequeña excursión a la cercana isla del Aire en un intento de curar viejas heridas. La isla se encuentra dominada por un faro, una especie de dedo acusador que las obligará a confesarse pecados del pasado (y algunos más cercanos) para intentar seguir adelante con sus vidas.

Quizás no me gustado tanto debido al personaje de la abuela, no acabo de comprender si sus intenciones con la familia son buenas o no, si es egoísta o no ha sabido tomar decisiones de otra forma. Y también me parece difícil conseguir que las personas lleguen a hablar de forma tan profunda, sincera y desgarradora como ellas lo hacen. Pero a pesar de no llegármelo a creer del todo creo que como ficción es muy buena y su lectura me ha enganchado.

Cristina Fernández, farera de cabo Vilán.

Para ponerle la guinda al faro de Vilán, os invito a conocer a una mujer excepcional: Cristina, la farera del lugar. Tiene una apasionante biografía que podéis conocer en este enlace a la web BROADLY (publicación de julio de 2016).

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Foto de Guillermo Cervera.

También me han hecho llegar este increíble vídeo de aquí abajo. Pincháis en la imagen y os lleva a una página de Facebook. No hace falta que tengáis cuenta en esta red social, cuando os diga que para verlo inicies sesión o crees una cuenta, sólo hay que pulsar en “Ahora no”, y ya puedes verlo sin problema, e incluso maximizarlo. Es una publicación de Zoomin TV Italia de septiembre de 2016.

cristina

En La Voz de Galicia también la han entrevistado (con vídeo incluido) en febrero de 2017. Esto me llegó a través de mi amiga Amalia. De nuevo, pinchad en la foto.

Y como Cristina además de agradable, educadísima y un encanto es mediática a más no poder, aquí abajo (también en la foto) podemos leer más sobre ella. Se trata del blog VERNE, del periódico El País, artículo publicado en marzo de 2017, y llegó hasta mí a través de mi amiga Alicia B.

Espero que disfrutéis estos enlaces. ¡Hasta la próxima!

Faro de Cabo Vilán o Villano (segunda parte).

Después de haber conocido hace unos meses la historia del primer faro de Vilán, sumerjámonos ahora en la historia de la construcción del faro actual, el que fue el primer faro eléctrico de España. El proyecto, de los ingenieros Francisco Lizárraga y Adolfo Pequeño, fue aprobado en 1885. La ubicación escogida fue precisamente aquella que se había intentado rebajar, y que si se ve de perfil parece la joroba de algún enorme animal. En dicha planicie no había sitio para el edificio anexo, que se tuvo que construir en un nivel inferior, cuadrado y con un patio central. Unieron ambas construcciones con un túnel cubierto, con escaleras de peldaños de piedra. Otro edificio más albergaría la sala de máquinas, la carbonera, un taller, un almacén y un aljibe. 

Las obras no fueron rodadas, precisamente: tuvieron el inconveniente de que también interrumpían el haz de luz del primer faro, lo cual provocó las quejas de varios capitanes. Y durante su construcción aconteció la terrible tragedia del Serpent, un buque inglés con 175 tripulantes que se hundió el 10 de noviembre de 1890, salvándose sólo 3 hombres. El embajador inglés, entre otros, presentó durísimas quejas por los defectos del faro y la pésima comunicación con Camariñas. Los fallecidos fueron enterrados en el Cementerio de los Ingleses, muy cerca de Cabo Vilán, aunque años más tarde se repatriaron.

Entre el proyecto original y la inauguración hubo varios cambios en las diferentes dimensiones, alcances, presupuestos y máquinas previstas. Finalmente, a día de hoy, la torre del faro, de granito y planta octogonal, mide 25 metros. La altura de la luz sobre el nivel del mar es de 104 metros. Su gran altura es posible gracias al durísimo suelo de granito en el que se apoya. El alcance en sus inicios era ya de 28 MN, el de mayor potencia en España y de los mayores en Europa: se podía llegar a ver la Torre de Hércules sin perder de vista Cabo Vilán. Increíble.

Por fin el faro fue encendido la noche del 15 de enero de 1896. El exigente trabajo que requería obligaba a ser atendido por seis torreros, que luego debieron de aumentar a ocho, nada menos. Debían usar gafas ahumadas para soportar el intenso brillo además de un calor sofocante. Y tenían su propio detallado y complejo reglamento de funcionamiento.

En los diez años siguientes hubo que hacer ya mejoras: reparaciones de desperfectos, mejoras en las viviendas, nueva sala de máquinas, nuevo camino de acceso y una nueva planta en el edificio de torreros, que incluía galería y terraza. Así, el edificio del faro antiguo fue abandonado por completo. En 1925 se le dotó de una nueva sala de máquinas (jubilando las viejas de vapor) y luego se cambió el mecanismo de rotación del faro. En los años 50 se le cambió la linterna por otra completamente acristalada para emitir un sector aéreo. Y finalmente en los 60 entró en funcionamiento la sirena y se reemplazaron la óptica y la linterna. Muchos de estos aparatos se conservan en una de las salas que hay en el interior del faro, como podéis ver aquí abajo. Es el Centro de Interpretación de los Faros y Señales Marítimas.

La última modernidad en Vilán fue un radio-faro, puesto en servicio en 1922. Fue el primero en Galicia junto con el de Finisterre, y respondía a una demanda real de la navegación de altura y la de cabotaje. Según una placa que leí en el museo del faro, sus ondas llegaban a unas 20 millas del puerto de Nueva York, y hubo protestas internacionales por sus interferencias. Este servicio fue mejorando en las siguientes décadas hasta reunir en una sola sala todos los equipos necesarios para su funcionamiento.

En nuestro personal paseo por Vilán, después de bajar de la explanada del faro antiguo y antes de entrar al nuevo decidimos rodearlo para seguir ordenadamente las explicaciones de mi amigo. Por el lado derecho (mirando hacia el mar) se encuentra la caseta de gasoil de los grupos electrógenos de emergencia. Y por el izquierdo, donde termina la barandilla de piedra, una zona en la piedra viva que está más oscurecida. Allí se hacían en verano unas estupendas sardiñadas, cuando mi amigo iba de vacaciones a ver a la familia.

Después de pasear por el exterior del faro entramos en él. Allí pudimos disfrutar de un reconfortante café y visitar la sala de exposiciones, donde más o menos cada mes renuevan la muestra, siempre relacionada con Camariñas, los faros o el mar. Y, por último, un laaargo paseo hasta el famoso Cementerio de los Ingleses.

La carretera no puede tener más baches y socavones; bien es cierto que se puede recorrer caminando, pero son más de 7 km ir y otros tantos volver, no es tan fácil. Pero, como podéis ver por las fotos de arriba, el paisaje bien merece la pena. De hecho debo confesar que hice ese mismo camino tres veces, nada menos. Cabo Vilán bien lo merece.

Fuentes consultadas: información facilitada por un familiar de uno de los antiguos fareros de Vilán. Y la obra: “Faros de Galicia“, de la Fundación Caixa Galicia (con textos de Jesús Ángel Sánchez García, fotografías de José Luis Vázquez-Iglesias y dibujos de José Manuel Yáñez Rodríguez).