“Diario de un farero”, de Julio Vilches.

Llegan hasta mí por diferentes caminos dos recomendaciones que son una: una autobiografía y un vídeo relacionado con la misma: “Sálvora. Diario de un farero“, de Julio Vilches. Julio fue farero en dicha isla desde 1980 hasta su reciente automatización, y quiere compartir sus vivencias en ella, tanto las exclusivamente profesionales como las más personales: cómo fue evolucionando su trabajo, a qué dedicaba sus ratos de ocio, diferentes personajes con los que fue coincidiendo… en fin, anécdotas de todo tipo y todas bien interesantes. Podéis haceros con él prácticamente en cualquier librería.

Y el vídeo, de unos 11 minutos de duración, nos ofrece unas preciosas imágenes, muy personales y exclusivas grabadas por Gloria Vilches, familiar de Julio como imaginaréis.

El faro de Sálvora ha sido automatizado este pasado año 2017. Hay varios documentos que nos describen este proceso, entre ellos este artículo en el Faro de Vigo de noviembre de 2017 y este segundo vídeo que os comparto y que también es muy ilustrativo:

Espero que disfrutéis de estos vídeos, que leáis el libro para descubrir esta fascinante y hermosa isla y luego, si os es posible, os acerquéis a recorrerla. Yo ya estuve allí y la disfruté muchísimo. ¡Hasta pronto!

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Cristina Fernández, farera de cabo Vilán.

Para ponerle la guinda al faro de Vilán, os invito a conocer a una mujer excepcional: Cristina, la farera del lugar. Tiene una apasionante biografía que podéis conocer en este enlace a la web BROADLY (publicación de julio de 2016).

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Foto de Guillermo Cervera.

También me han hecho llegar este increíble vídeo de aquí abajo. Pincháis en la imagen y os lleva a una página de Facebook. No hace falta que tengáis cuenta en esta red social, cuando os diga que para verlo inicies sesión o crees una cuenta, sólo hay que pulsar en “Ahora no”, y ya puedes verlo sin problema, e incluso maximizarlo. Es una publicación de Zoomin TV Italia de septiembre de 2016.

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En La Voz de Galicia también la han entrevistado (con vídeo incluido) en febrero de 2017. Esto me llegó a través de mi amiga Amalia. De nuevo, pinchad en la foto.

Y como Cristina además de agradable, educadísima y un encanto es mediática a más no poder, aquí abajo (también en la foto) podemos leer más sobre ella. Se trata del blog VERNE, del periódico El País, artículo publicado en marzo de 2017, y llegó hasta mí a través de mi amiga Alicia B.

Espero que disfrutéis estos enlaces. ¡Hasta la próxima!

El duro oficio del farero: la vida en el faro.

Seguimos hoy hablando sobre los fareros. Mientras que en Francia los torreros tenían prohibido que sus familias vivieran con ellos, en teoría para evitar disputas, en España siempre se entendió que era mejor que residieran todos juntos. Incluso los ingenieros cuidaban el diseño de los faros pensando en la comodidad de la prole. Tenían la teoría de que un farero con una vida familiar rutinaria y estable garantizaba que sería estricto y cumplidor en su trabajo.

Leo una anécdota a este respecto en el informe de un inspector, que visitó varios faros en 1858, y se escandalizó ante la licenciosa vida de los tres torreros de Fisterra. En su informe dio más detalles: antes de entrar en el cuerpo de fareros, uno de ellos no tenía oficio ni beneficio, otro era sastre y el tercero músico. Todos eran solteros, pero vivían amancebados con jóvenes del país, incluso del pueblo más cercano. Dichas jóvenes referían entre los vecinos la buena vida que se pegaban en el faro, lo cual minaba la reputación del cuerpo de fareros en general. Esta situación se prolongó unos años, y dado que había frecuentes peleas entre los tres, finalmente fueron trasladados a distintos faros. El inspector aconsejó encarecidamente que no entrasen mujeres en los faros, exceptuando esposas, hijas, madres o hermanas, salvo casos de enfermedad, naturalmente.

Estaba establecido que en los faros de primer y segundo orden habría 3 torreros, y en los de tercer y cuarto orden 2. Su trabajo principal era por la noche, y normalmente en dos turnos, de 18 a 24 h y de 24 a 9 h, aproximadamente. Por el día limpiaban el faro y anotaban todos los incidentes mínimamente reseñables. Iban uniformados y disponían por ley de armas de fuego para defender el faro, dado que eran lugares muy estratégicos y por tanto golosos para el enemigo.

En cuanto a los destinos, entre los torreros los calificaban según su dureza (igual que hacían los franceses) en tres grupos: infierno, purgatorio y paraíso. Para poder trabajar en este último grupo debían haber cumplido veinte años de servicio. En Galicia, los peor considerados eran Sisargas, Vilán y Touriñán. En cualquier caso, la vida en el faro no era nada sencilla: largos y oscuros inviernos, viviendas casi siempre aisladas, un trabajo exigente y de gran responsabilidad, del cual dependían vidas humanas; que no entiende de fiestas y apenas dejaba lugar para el ocio, pues si no estaban atendiendo al faro debían cuidar la huerta y de los animales que tenían para su propio consumo. Y en caso de accidente o enfermedad muchas veces era complicadísimo pedir y recibir ayuda médica.

Como véis, una vida nada fácil ni envidiable.

Historia del duro oficio del farero: su preparación para el puesto.

Inauguro hoy una nueva y (en mi sincera y objetiva opinión) muy chula categoría en el blog para dar su merecido lugar a los profesionales que se encargan de cuidar y dar buen uso a los faros. Aunque hasta ahora han aparecido por aquí de forma ocasional, desde ahora recopilaré todos los artículos sobre ellos en FAREROS, y hoy vamos a conocer más a fondo su historia.

Tradicionalmente se les denominaba fareros o torreros, pero hoy en día su nombre oficial es “técnicos de sistemas de ayuda a la navegación“. Hay cierta inclinación a admirar su estilo de vida solitario y supuestamente aventurero, yo la primera, pero la realidad es muy distinta.

Los torreros eran un cuerpo de personal estatal, es decir, funcionarios, dependiente de los ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. El Estado organizó su formación a través de las Escuelas Prácticas de Torreros de Faros, siendo la primera de ellas la de la Torre de Hércules, abierta en 1850. Aquí, la dirección fue encomendada a Agustín Antelo, piloto de la Marina Mercante y además relojero y de familia de relojeros, con tienda en la coruñesa calle Real. Redactó un famoso manual, la Cartilla de Antelo, con todas las instrucciones necesarias para el servicio en el faro. Posteriormente se sustituyó por el oficial Reglamento e instrucción para el Servicio de los Faros.

Los estudios duraban un año, e incluían horas de prácticas además de guardias en el faro en grupos de a cuatro. En 1853 esta escuela fue trasladada al faro de Machichaco (Vizcaya); allí funcionó durante diez años antes de establecerse en Madrid, curiosamente (donde sólo podían abarcar la parte teórica, faltaría más), aunque acabó cerrando en 1866, sustituyéndose la formación por un examen de ingreso y unas prácticas.

En 1856 se aprobó un estricto reglamento a observar en estas escuelas, que  exigía, entre otras cosas, los siguientes puntos:Normas de la escuela
Otro día os contaré más historias sobre estos profesionales. Estoy segura de que os engancharán como a mí.

(Información leída en “Faros de Galicia“, publicado por Fundación Caixa Galicia en 2004, con textos de Jesús Ángel Sánchez García)

“Los últimos fareros”, en V Televisión.

V TV

Si pincháis en la imagen podréis ver un interesantísimo reportaje emitido en V Televisión sobre los últimos fareros. En él hablan, por ejemplo, con Cristina, la farera de Cabo Vilán (un lugar muy mítico para mí); ella nos enseña el interior del faro y nos cuenta cómo llegó a trabajar allí, nos habla de la soledad, del miedo y de la divulgación que hace para proteger los faros y su entorno.

Conocemos también a Ángel Brantuas, uno de los fareros de la Torre de Hércules, quien nos enseña las entrañas de la linterna del faro. A Luis Martínez, madrileño, encargado de señales marítimas (64, nada menos) en la ría de Vigo desde hace 24 años. Y al farero de San Cibrao, Román Ventoso, originario de Camariñas, que aún añora el faro de Vilán.

“Si no se escribe, esto se olvida”; así habla José de Olegario, marinero e historiador, sobre los miles de naufragios que han visto las costas gallegas. Lleva con esmero un registro de todos los barcos hundidos en nuestras costas.

Es un vídeo de unos 40 minutos de duración, y que vale mucho la pena disfrutar.

“El último farero” en El escarabajo verde, de RTVE.

faro

Hoy traigo al blog un reportaje emitido hace un tiempo en RTVE sobre los últimos fareros que hay en España. En él podréis conocer a Eugenio Linares, el farero de Estaca de Bares, quien nos lleva al interior del faro y su vivienda; allí nos cuenta sus reflexiones sobre su vida y su oficio. Incluye una pequeña joya, un documental del NODO sobre faros gallegos, rodado en 1958.

También entrevistan a Javier Pérez de Arévalo, el último farero de La Mola, en Formentera.