“La luz entre los océanos”, M. L. Stedman.

Este verano me recomendaron ver la película “La luz entre los océanos“, pero cuando supe que estaba basada en una novela publicada en 2012 preferí leérmela primero y verla a continuación; y la verdad es que ninguna de las dos me decepcionó. La historia está ambientada en la ficticia isla de Janus Rock, al suroeste de Australia, donde supuestamente se unen dos océanos: el Índico, cálido y tranquilo, y el Antártico, bravo y peligroso. De ahí el título de la obra. En dicha isla hay un faro, cuya torre, de piedra blanca, esbelta y elegante, se alza en lo más alto de la isla como una barra de tiza. A dicho faro llega a trabajar Tom Sherbourne en 1920 tras su traumático paso por la Primera Guerra Mundial. A Tom le tranquiliza seguir las normas; el orden y la rutina le reconfortan, en contraposición a las experiencias que sufrió en la guerra. Disfruta izando la enseña, reparando las piezas del faro, lijando, cepillando, rellenando, pintando, sacando brillo. Conoce y respeta sus obligaciones. Escribe con rigor y con una paz especial en el cuaderno de servicio, detallando cuándo enciende y apaga el faro, los fenómenos meteorológicos y los barcos que pasan. Todo a pesar de saber que probablemente nadie leerá jamás dichas anotaciones. En una de sus escasas visitas al continente conoce y se enamora de Isabel Graysmark. Cuando se casan y la lleva a vivir a la isla, Tom le muestra con orgullo su trabajo en el faro. El corazón de éste es su óptica, un palacio de prismas que, según Tom, semeja una colmena de cristal. Le explica a Isabel absolutamente todo: cómo funciona, para qué sirve cada pieza, cómo la óptica concentra la luz en cuatro haces y la refractan mar adentro. Ella en cambio, ebria de una libertad que no conocía, se deja llevar por sus emociones y se pasea desnuda por el faro y hace anotaciones en los mapas para poner nombres a todos los rincones de la isla. Y, mientras tanto, Tom solo puede pensar en que tendrá que pagar dicho mapa en la siguiente inspección. Son totalmente opuestos y sin embargo se aman sinceramente. Con los años, y tras tres dolorosos y frustrantes abortos, Isabel pasa por una grave crisis personal. Pero entonces arriba a la isla una barca a la deriva con el cadáver de un hombre y un bebé que llora a gritos. A partir de aquí, la pareja toma una serie de decisiones, a veces juntos, a veces de forma individual, que cambiarán drásticamente sus vidas para siempre.

La película está protagonizada por Michael Fassbender y Alicia Vikander. La pareja de actores se conoció y enamoró en el rodaje, y a día de hoy están felizmente casados. Antes del rodaje, pasaron un mes aislados en un faro para sentir en carne propia cómo debían sentirse los personajes. Esto seguramente contribuyó mucho a que saltara la chispa entre ellos. La película se rodó en las regiones de Otago y Marlborough (Nueva Zelanda) así como en la isla de Tasmania (en la costa de Australia). Para las imágenes del faro utilizaron el de Cape Campbell, en el estrecho de Cook (que separa las dos principales islas de Nueva Zelanda). Tenéis más información en esta interesante página web dedicada a ubicar libros y películas ambientadas en Australia.

Os recomiendo sinceramente tanto la lectura de la novela como la película, que es bastante fiel al libro. El personaje de Tom es muy interesante, la autora ahonda muchísimo en su carácter, su pasado y sus traumas. Nos habla extensamente de su trabajo en el faro y de cómo la rutina y las normas le ayudan a superar lo que vivió en la guerra. Me gusta cuando se pregunta en qué punto exacto se diferencian las corrientes del Índico y Antártico. ¿Cómo dividir esa masa de agua en dos océanos? Tom no entiende ese afán humano por dividir, etiquetar y diferenciar. O también cuando reflexiona sobre la paradoja de que una isla con semejante fuente luminosa como el faro de Janus Rock siempre esté a oscuras. Y es que el faro es siempre para los otros, y no puede hacer nada para iluminar el espacio que tiene más cerca….

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“Diario de un farero”, de Julio Vilches.

Llegan hasta mí por diferentes caminos dos recomendaciones que son una: una autobiografía y un vídeo relacionado con la misma: “Sálvora. Diario de un farero“, de Julio Vilches. Julio fue farero en dicha isla desde 1980 hasta su reciente automatización, y quiere compartir sus vivencias en ella, tanto las exclusivamente profesionales como las más personales: cómo fue evolucionando su trabajo, a qué dedicaba sus ratos de ocio, diferentes personajes con los que fue coincidiendo… en fin, anécdotas de todo tipo y todas bien interesantes. Podéis haceros con él prácticamente en cualquier librería.

Y el vídeo, de unos 11 minutos de duración, nos ofrece unas preciosas imágenes, muy personales y exclusivas grabadas por Gloria Vilches, familiar de Julio como imaginaréis.

El faro de Sálvora ha sido automatizado este pasado año 2017. Hay varios documentos que nos describen este proceso, entre ellos este artículo en el Faro de Vigo de noviembre de 2017 y este segundo vídeo que os comparto y que también es muy ilustrativo:

Espero que disfrutéis de estos vídeos, que leáis el libro para descubrir esta fascinante y hermosa isla y luego, si os es posible, os acerquéis a recorrerla. Yo ya estuve allí y la disfruté muchísimo. ¡Hasta pronto!

“Las aventuras de Los Cinco”

Los cinco¡De nuevo vuelven Los Cinco a mi vida! Por casualidad descubrí en la tele esta estupenda película alemana del 2013. Eso de ver cobrar vida a tus personajes novelísticos favoritos de la infancia tiene su miga: no se parecen en nada a lo que yo imaginé, aunque los escenarios donde transcurre la acción sí son muy similares a los que yo me figuraba.

La película nos narra cómo se conocen los cinco personajes, el primer verano que pasan juntos. La historia es la misma que narra el libro pero ambientada en la época actual, con móviles, ordenadores y demás inventos. Sin embargo eso la vuelve actual sin quitarle ni pizca de encanto. Yo, desde luego, la disfruté como una enana. Parece que han rodado una segunda parte con más aventuras. ¡Espero verla pronto!

Tormenta en el mar, Bretaña, 2014.

Este vídeo me llegó a través de un amigo a quien le apasiona el mar. En él se puede admirar la fuerza del oleaje rompiendo contra todo lo que encuentra por delante, principalmente faros. El vídeo fue publicado por Charles Marion, un artista francés que ha podido grabar y fotografiar el mar desde un helicóptero, obteniendo imágenes que no es frecuente ver. Os recomiendo un paseo por su página web para que disfrutéis de su trabajo.

“Los últimos fareros”, en V Televisión.

V TV

Si pincháis en la imagen podréis ver un interesantísimo reportaje emitido en V Televisión sobre los últimos fareros. En él hablan, por ejemplo, con Cristina, la farera de Cabo Vilán (un lugar muy mítico para mí); ella nos enseña el interior del faro y nos cuenta cómo llegó a trabajar allí, nos habla de la soledad, del miedo y de la divulgación que hace para proteger los faros y su entorno.

Conocemos también a Ángel Brantuas, uno de los fareros de la Torre de Hércules, quien nos enseña las entrañas de la linterna del faro. A Luis Martínez, madrileño, encargado de señales marítimas (64, nada menos) en la ría de Vigo desde hace 24 años. Y al farero de San Cibrao, Román Ventoso, originario de Camariñas, que aún añora el faro de Vilán.

“Si no se escribe, esto se olvida”; así habla José de Olegario, marinero e historiador, sobre los miles de naufragios que han visto las costas gallegas. Lleva con esmero un registro de todos los barcos hundidos en nuestras costas.

Es un vídeo de unos 40 minutos de duración, y que vale mucho la pena disfrutar.

“El último farero” en El escarabajo verde, de RTVE.

faro

Hoy traigo al blog un reportaje emitido hace un tiempo en RTVE sobre los últimos fareros que hay en España. En él podréis conocer a Eugenio Linares, el farero de Estaca de Bares, quien nos lleva al interior del faro y su vivienda; allí nos cuenta sus reflexiones sobre su vida y su oficio. Incluye una pequeña joya, un documental del NODO sobre faros gallegos, rodado en 1958.

También entrevistan a Javier Pérez de Arévalo, el último farero de La Mola, en Formentera.