“Verbas ao mar” de Manuel María.

Aínda que non aparezan faros neste poema, Manuel María é un dos meus poetas favoritos e non quería deixar pasar o seu día sen homenaxearlle.

Verbas ao mar.

Esta tarde están baixas as nubes
e é a cor do mar como a da cinza.

Os berros salvaxes das gaivotas
semellan coiteladas
que fan escoar o corazón da tarde.

Hai quen trabuca doadamente
a mensura do mar coa inmensidade.

Eu de min só sei dicir
que o mar comeza no meu sangue.
O que non sei
é se o mar caberá na miña alma.

“Canción del farero”, poema de Emilio Prados. Ilustración de Marie-Anne Foucart.

illustration_lighthouseDesde el balcón más alto de mi faro,
pesco con caña.
Veinte metros de hilo
y un anzuelo de plata…

Del último arco-iris, recortado
sobre la cartulina de la madrugada,
de limón y de azogue, pica un sargo,
colgándose en la percha de mi trampa.

(Debajo de mi torre
vive otra torre,
con su balcón redondo
y conmigo asomado a la baranda…)

Desde el balcón más hondo
de mi torre,
pesco con caña.
Veinte metros de hilo
y un anzuelo de plata…

21 de marzo, Día Mundial de la Poesía: “El farero”, poema de Juan Carlos Martín Ramos. Ilustración: Martin Figlinski.

astrolabio

Cumplo al pie de las olas
mi misión en la tierra:
que mi faro dé luz
contra viento y marea.

Soy farero de oficio,
vigía a todas horas,
capitán de una torre
varada entre las rocas.

Paso el tiempo contando
de noche las estrellas,
de día las gaviotas,
los barcos que se alejan.

Pero nunca estoy solo.
Paseo con mi sombra,
converso con el mar,
escucho caracolas.

Por el aire dibuja
el humo de mi pipa
sirenas y veleros
que van a la deriva.

Cita literaria.

   “Hay un lapsus en el Génesis. Y es que no dice cuándo fueron concebidos los faros.  Son obra humana, pero pertenecen a un orden especial de la naturaleza, como los barcos. Por muy prodigiosas o grandiosas que sean otras construcciones, no hay arquitectura comparable.
    Lo faros son seres vivos. Más que formar parte del paisaje, lo crean.”

     Manuel Rivas.

Poema de Luis Cernuda.

Hoy quiero compartir un poema de Luis Cernuda que guardo desde hace años, y que se titula “Soliloquio del farero”:

 

Cómo llenarte, soledad,
sino contigo misma.
De niño, entre las pobres guaridas de la tierra,
quieto en ángulo oscuro,
buscaba en ti, encendida guirnalda,
mis auroras futuras y furtivos nocturnos,
y en ti los vislumbraba,
naturales y exactos, también libres y fieles,
a semejanza mía,
a semejanza tuya, eterna soledad.
Me perdí luego por la tierra injusta
como quien busca amigos, ó ignorados amantes;
diverso con el mundo,
fui luz serena y anhelo desbocado,
y en la lluvia sombría ó e el sol evidente
quería una verdad que a ti te traicionase,
olvidando en mi afán
cómo las alas fugitivas su propia nube crean.
Y al velarse a mis ojos
con nubes sobre nubes de otoño desbordado
la luz de aquellos días en ti misma entrevistos,
te negué por bien poco;
por menudos amores ni ciertos ni fingidos,
por quietas amistades de sillón y de gesto,
por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma,
por los viejos placeres prohibidos,
como los permitidos nauseabundos,
útiles solamente para el elegante salón susurrado,
en bocas de mentira y palabras de hielo.
Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona
que yo fui,
que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones;
por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos,
limpios de otro deseo,
el sol, mi dios, la noche rumorosa,
la lluvia, intimidad de siempre,
el bosque y su alertar pagano,
el mar, el mar como su nombre hermoso;
y sobre todo ellos,
cuerpo oscuro y esbelto,
te encuentro a ti, tú, soledad tan mía,
y tú me das fuerza y debilidad
como al ave cansada los brazos de la piedra.
Acodado al balcón miro insaciable el oleaje,
oigo sus oscuras imprecaciones,
contemplo sus blancas caricias;
y erguido desde cuna vigilante
soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los
hombres.
Por quienes vivo, aun cuando no los vea;
y así, lejos de ellos,
ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres,
roncas y violentas como el mar, mi morada,
puras ante la espera de una revolución ardiente
ó rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo
cuando toca la hora de reposo que su fuerza conquista.
Tú, verdad solitaria,
transparente pasión, mi soledad de siempre,
eres inmenso abrazo;
el sol, el mar,
la oscuridad, la estepa,
el hombre y su deseo,
la airada muchedumbre,
¿qué son sino tú misma?
Por ti, mi soledad, los busqué un día;
en ti, mi soledad, los amo ahora.