Faro de Cabo Vilán o Villano (segunda parte).

Después de haber conocido hace unos meses la historia del primer faro de Vilán, sumerjámonos ahora en la historia de la construcción del faro actual, el que fue el primer faro eléctrico de España. El proyecto, de los ingenieros Francisco Lizárraga y Adolfo Pequeño, fue aprobado en 1885. La ubicación escogida fue precisamente aquella que se había intentado rebajar, y que si se ve de perfil parece la joroba de algún enorme animal. En dicha planicie no había sitio para el edificio anexo, que se tuvo que construir en un nivel inferior, cuadrado y con un patio central. Unieron ambas construcciones con un túnel cubierto, con escaleras de peldaños de piedra. Otro edificio más albergaría la sala de máquinas, la carbonera, un taller, un almacén y un aljibe. 

Las obras no fueron rodadas, precisamente: tuvieron el inconveniente de que también interrumpían el haz de luz del primer faro, lo cual provocó las quejas de varios capitanes. Y durante su construcción aconteció la terrible tragedia del Serpent, un buque inglés con 175 tripulantes que se hundió el 10 de noviembre de 1890, salvándose sólo 3 hombres. El embajador inglés, entre otros, presentó durísimas quejas por los defectos del faro y la pésima comunicación con Camariñas. Los fallecidos fueron enterrados en el Cementerio de los Ingleses, muy cerca de Cabo Vilán, aunque años más tarde se repatriaron.

Entre el proyecto original y la inauguración hubo varios cambios en las diferentes dimensiones, alcances, presupuestos y máquinas previstas. Finalmente, a día de hoy, la torre del faro, de granito y planta octogonal, mide 25 metros. La altura de la luz sobre el nivel del mar es de 104 metros. Su gran altura es posible gracias al durísimo suelo de granito en el que se apoya. El alcance en sus inicios era ya de 28 MN, el de mayor potencia en España y de los mayores en Europa: se podía llegar a ver la Torre de Hércules sin perder de vista Cabo Vilán. Increíble.

Por fin el faro fue encendido la noche del 15 de enero de 1896. El exigente trabajo que requería obligaba a ser atendido por seis torreros, que luego debieron de aumentar a ocho, nada menos. Debían usar gafas ahumadas para soportar el intenso brillo además de un calor sofocante. Y tenían su propio detallado y complejo reglamento de funcionamiento.

En los diez años siguientes hubo que hacer ya mejoras: reparaciones de desperfectos, mejoras en las viviendas, nueva sala de máquinas, nuevo camino de acceso y una nueva planta en el edificio de torreros, que incluía galería y terraza. Así, el edificio del faro antiguo fue abandonado por completo. En 1925 se le dotó de una nueva sala de máquinas (jubilando las viejas de vapor) y luego se cambió el mecanismo de rotación del faro. En los años 50 se le cambió la linterna por otra completamente acristalada para emitir un sector aéreo. Y finalmente en los 60 entró en funcionamiento la sirena y se reemplazaron la óptica y la linterna. Muchos de estos aparatos se conservan en una de las salas que hay en el interior del faro, como podéis ver aquí abajo. Es el Centro de Interpretación de los Faros y Señales Marítimas.

La última modernidad en Vilán fue un radio-faro, puesto en servicio en 1922. Fue el primero en Galicia junto con el de Finisterre, y respondía a una demanda real de la navegación de altura y la de cabotaje. Según una placa que leí en el museo del faro, sus ondas llegaban a unas 20 millas del puerto de Nueva York, y hubo protestas internacionales por sus interferencias. Este servicio fue mejorando en las siguientes décadas hasta reunir en una sola sala todos los equipos necesarios para su funcionamiento.

En nuestro personal paseo por Vilán, después de bajar de la explanada del faro antiguo y antes de entrar al nuevo decidimos rodearlo para seguir ordenadamente las explicaciones de mi amigo. Por el lado derecho (mirando hacia el mar) se encuentra la caseta de gasoil de los grupos electrógenos de emergencia. Y por el izquierdo, donde termina la barandilla de piedra, una zona en la piedra viva que está más oscurecida. Allí se hacían en verano unas estupendas sardiñadas, cuando mi amigo iba de vacaciones a ver a la familia.

Después de pasear por el exterior del faro entramos en él. Allí pudimos disfrutar de un reconfortante café y visitar la sala de exposiciones, donde más o menos cada mes renuevan la muestra, siempre relacionada con Camariñas, los faros o el mar. Y, por último, un laaargo paseo hasta el famoso Cementerio de los Ingleses.

La carretera no puede tener más baches y socavones; bien es cierto que se puede recorrer caminando, pero son más de 7 km ir y otros tantos volver, no es tan fácil. Pero, como podéis ver por las fotos de arriba, el paisaje bien merece la pena. De hecho debo confesar que hice ese mismo camino tres veces, nada menos. Cabo Vilán bien lo merece.

Fuentes consultadas: información facilitada por un familiar de uno de los antiguos fareros de Vilán. Y la obra: “Faros de Galicia“, de la Fundación Caixa Galicia (con textos de Jesús Ángel Sánchez García, fotografías de José Luis Vázquez-Iglesias y dibujos de José Manuel Yáñez Rodríguez).

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Faro de Cabo Vilán o Villano (primera parte).

Puerta al faro

Puerta al faro

Hoy estamos de fiesta en el blog, pues hemos llegado a la entrada número 200, nada menos. Todo un acontecimiento que por supuesto se debe celebrar por todo lo alto, así que, para ello, vamos a lanzarnos de cabeza a conocer a un auténtico monstruo de las costas gallegas: el faro de Cabo Vilán. Uno de los lugares que más respeto inspira, que he visitado en más de una ocasión y siempre consigue hacerte sentir muy poquita cosa.

Para preparar esta entrada como se merece, recibí la inestimable ayuda de un buen amigo que ya me ha echado un cable en otras ocasiones. La historia de su familia está ligada a la del faro de Vilán, y sabe muchísimas historias sobre él. Muchos datos que leeréis aquí son una generosa aportación suya.

Llegando a Vilán.

Para visitar cabo Vilán lo mejor es llegar hasta el centro del puerto de Camariñas. De allí sale, bien indicada, la carretera hacia el faro, que se extiende unos seis km. Al irnos acercando a él lo iremos viendo a lo lejos, imponente, formidable, vigilando el mar como si estuviera en el fin del mundo. La carretera pasa entonces entre molinos de viento y granjas acuícolas, unas modernidades que estropean bastante el lado salvaje de ese lugar.

Carretera al cabo.

Carretera al cabo.

Lo primero que hay que saber sobre Cabo Vilán es que allí, en realidad, se encuentran dos faros. Sí, sí, como lo oís (o como lo leéis, más bien). Os cuento la historia que seguro que estáis deseando conocerla. Cabo Vilán siempre fue, además de una zona peligrosa, un emplazamiento estratégico. El Plan General de Alumbrado Marítimo de 1847 contempló la construcción de un faro de cuarto orden para señalizar la entrada a la ría, enlazando con el de Sisargas y el de Finisterre. En el proyecto de Alejandro de Olavarría se barajaron tres posibles emplazamientos dentro del mismo cabo, debido a la complicada orografía del mismo; finalmente se optó por la opción más económica, en una meseta algo retrasada, de fácil acceso y con abundante piedra alrededor.

Fuente: Archivo Histórico Nacional. Exp. “Obras de reparación del faro de Cabo Villano” ; 1873. (Del libro “Faros de Galicia”, de la Fundación Caixa Galicia)

El problema de esa ubicación era que había que demoler la parte superior de una roca, llamada Villano de Tierra (en contraposición al islote Villano de Afuera, que está enfrente), que tapaba el haz de luz del faro; en el plano de arriba se ve el perfil del cabo (en rojo se ha dibujado la parte de roca que se demolió y el faro actual). Pero la falta de presupuesto, la especial dureza de la piedra y el gran volumen de la misma (superior al calculado por el ingeniero) impidieron finalizar esta parte del trabajo, y los bajos más peligrosos frente a cabo Vilán quedaron ocultos a la luz. Aún así, el 10 de julio de 1854 el faro entró en funcionamiento.

Garajes.

Garajes.

Subida al viejo faro.

Subida al viejo faro.

Vayamos entonces primero a darnos un paseo por el faro antiguo. Está justo delante del nuevo (si le damos la espalda a su puerta). Hay que subir unas escaleras y a continuación un camino algo empinado, desde el cual tenemos, además, una magnífica vista del faro actual. En los restos que quedan se puede intuir lo dura que era la vida en aquella época.

El viejo faro.

El viejo faro.

La torre era de sillería, de planta octogonal y con una altura de algo más de 6 metros; el poco sitio que había se repartía entre el faro propiamente dicho, las dos viviendas, un pozo, un despacho, dos almacenes y pasillos, lo cual da una idea de la austeridad con que vivían y de cómo serían los inviernos para las dos familias. Hay también una columna de piedra cilíndrica de algo más de un metro de alto: es lo que queda de la embocadura a tierra del cable del pararrayos. Podéis verlo todo en la foto de aquí abajo.

Faro viejo

Interior del antiguo faro.

Interior del antiguo faro.

El gravísimo defecto del faro de Vilán se hizo evidente al provocar diversos desastres marítimos: el Iris Hull, el Brigneti y la colisión entre el Gijón y el Laxham, entre otros, así que en seguida se planteó la necesidad de hacer algo para remediarlo. Hubo varios proyectos que quedaron en agua de borrajas, incluído uno que incorporaba una estación semafórica que finalmente acabó en Fisterra; en medio de la falta de interés (debido a su inminente fuera de servicio) por realizar la necesarias reparaciones del primer faro, que ya se encontraba en un estado más que lamentable, y entre las quejas del ministro inglés de turno, se aprobó el proyecto definitivo en 1885. Francisco Lizárraga y Adolfo Pequeño fueron los ingenieros. Cabo Vilán, por fin, tendría el faro que se merecía: no sólo sería una luz de primer orden, si no que sería el primer faro de España en disponer de un sistema de alumbrado eléctrico. El aparato de alumbrado del faro original se trasladó para ser usado en el de Touriñán, como siempre para no desaprovechar nada.

Viejo camino de abastecimientoPor qué finalmente construyeron en ese lugar el primer faro realmente sigue una incógnita sin respuesta clara entre los expertos: desde allí se aprecia cómo la roca donde se levanta actualmente el faro Villano tapa la vista desde el faro antiguo, y, por tanto, también su luz. ¿Fue una equivocación, un error de cálculo, un fallido ejercicio de austeridad? Lo que sí sabemos es cómo subían hasta allí los carros con el combustible para el faro: por un estrecha senda, ahora llena de tojos, que sale desde el sur del viejo faro hacia la carretera actual. Se puede intuir en la foto de la derecha.

Pronto seguiré contando el resto de la historia. Faro Vilán bien se merece que me extienda.

Enfilación de Punta Villueira (Camariñas)

Este pequeño faro de la foto superior forma una enfilación con la torre de Punta del Castillo (foto inferior). Y, la verdad, aunque ambas torres hacen su trabajo, las pobres, bonitas, lo que se dice bonitas, no son. A escasos metros de la primera vimos los restos de una antigua fábrica de salazón completamente abandonada; una pena, con la de historia que debe haber en ese lugar.

Para llegar hasta la enfilación entré en Camariñas desde el este y salí por la calle de Castelo. Cuando acabó la carretera asfaltada aparqué el coche en un pequeño mirador y seguí caminando unos metros más por el camino de tierra; ahí se encuentra la primer torre, la de la foto de abajo, en el lado derecho. Para sacar esta foto tuve que subir unos escalones y meterme entre los tojos, menos mal que llevaba botas altas. Desde allí hay un vista preciosa de la ría, la verdad, y el faro y su entorno algo salvaje también tienen gran encanto. La segunda torre está a menos de 1 km de distancia siguiendo el mismo camino de tierra. En realidad se puede llegar de una a otra dando un paseíllo, pero como no lo sabía hicimos el trayecto en coche ¡madre mía! Fui muy atrevida metiéndolo por ese barrizal lleno de socavones, debí tardar unos 10 minutos en recorrer esa pequeña distancia. Eso sí, la vista de la ría de Camariñas, maravillosa como siempre.

Faro de Punta del Castillo.