Faro de Cabo Vilán o Villano (primera parte).

Puerta al faro

Puerta al faro

Hoy estamos de fiesta en el blog, pues hemos llegado a la entrada número 200, nada menos. Todo un acontecimiento que por supuesto se debe celebrar por todo lo alto, así que, para ello, vamos a lanzarnos de cabeza a conocer a un auténtico monstruo de las costas gallegas: el faro de Cabo Vilán. Uno de los lugares que más respeto inspira, que he visitado en más de una ocasión y siempre consigue hacerte sentir muy poquita cosa.

Para preparar esta entrada como se merece, recibí la inestimable ayuda de un buen amigo que ya me ha echado un cable en otras ocasiones. La historia de su familia está ligada a la del faro de Vilán, y sabe muchísimas historias sobre él. Muchos datos que leeréis aquí son una generosa aportación suya.

Llegando a Vilán.

Para visitar cabo Vilán lo mejor es llegar hasta el centro del puerto de Camariñas. De allí sale, bien indicada, la carretera hacia el faro, que se extiende unos seis km. Al irnos acercando a él lo iremos viendo a lo lejos, imponente, formidable, vigilando el mar como si estuviera en el fin del mundo. La carretera pasa entonces entre molinos de viento y granjas acuícolas, unas modernidades que estropean bastante el lado salvaje de ese lugar.

Carretera al cabo.

Carretera al cabo.

Lo primero que hay que saber sobre Cabo Vilán es que allí, en realidad, se encuentran dos faros. Sí, sí, como lo oís (o como lo leéis, más bien). Os cuento la historia que seguro que estáis deseando conocerla. Cabo Vilán siempre fue, además de una zona peligrosa, un emplazamiento estratégico. El Plan General de Alumbrado Marítimo de 1847 contempló la construcción de un faro de cuarto orden para señalizar la entrada a la ría, enlazando con el de Sisargas y el de Finisterre. En el proyecto de Alejandro de Olavarría se barajaron tres posibles emplazamientos dentro del mismo cabo, debido a la complicada orografía del mismo; finalmente se optó por la opción más económica, en una meseta algo retrasada, de fácil acceso y con abundante piedra alrededor.

Fuente: Archivo Histórico Nacional. Exp. “Obras de reparación del faro de Cabo Villano” ; 1873. (Del libro “Faros de Galicia”, de la Fundación Caixa Galicia)

El problema de esa ubicación era que había que demoler la parte superior de una roca, llamada Villano de Tierra (en contraposición al islote Villano de Afuera, que está enfrente), que tapaba el haz de luz del faro; en el plano de arriba se ve el perfil del cabo (en rojo se ha dibujado la parte de roca que se demolió y el faro actual). Pero la falta de presupuesto, la especial dureza de la piedra y el gran volumen de la misma (superior al calculado por el ingeniero) impidieron finalizar esta parte del trabajo, y los bajos más peligrosos frente a cabo Vilán quedaron ocultos a la luz. Aún así, el 10 de julio de 1854 el faro entró en funcionamiento.

Garajes.

Garajes.

Subida al viejo faro.

Subida al viejo faro.

Vayamos entonces primero a darnos un paseo por el faro antiguo. Está justo delante del nuevo (si le damos la espalda a su puerta). Hay que subir unas escaleras y a continuación un camino algo empinado, desde el cual tenemos, además, una magnífica vista del faro actual. En los restos que quedan se puede intuir lo dura que era la vida en aquella época.

El viejo faro.

El viejo faro.

La torre era de sillería, de planta octogonal y con una altura de algo más de 6 metros; el poco sitio que había se repartía entre el faro propiamente dicho, las dos viviendas, un pozo, un despacho, dos almacenes y pasillos, lo cual da una idea de la austeridad con que vivían y de cómo serían los inviernos para las dos familias. Hay también una columna de piedra cilíndrica de algo más de un metro de alto: es lo que queda de la embocadura a tierra del cable del pararrayos. Podéis verlo todo en la foto de aquí abajo.

Faro viejo

Interior del antiguo faro.

Interior del antiguo faro.

El gravísimo defecto del faro de Vilán se hizo evidente al provocar diversos desastres marítimos: el Iris Hull, el Brigneti y la colisión entre el Gijón y el Laxham, entre otros, así que en seguida se planteó la necesidad de hacer algo para remediarlo. Hubo varios proyectos que quedaron en agua de borrajas, incluído uno que incorporaba una estación semafórica que finalmente acabó en Fisterra; en medio de la falta de interés (debido a su inminente fuera de servicio) por realizar la necesarias reparaciones del primer faro, que ya se encontraba en un estado más que lamentable, y entre las quejas del ministro inglés de turno, se aprobó el proyecto definitivo en 1885. Francisco Lizárraga y Adolfo Pequeño fueron los ingenieros. Cabo Vilán, por fin, tendría el faro que se merecía: no sólo sería una luz de primer orden, si no que sería el primer faro de España en disponer de un sistema de alumbrado eléctrico. El aparato de alumbrado del faro original se trasladó para ser usado en el de Touriñán, como siempre para no desaprovechar nada.

Viejo camino de abastecimientoPor qué finalmente construyeron en ese lugar el primer faro realmente sigue una incógnita sin respuesta clara entre los expertos: desde allí se aprecia cómo la roca donde se levanta actualmente el faro Villano tapa la vista desde el faro antiguo, y, por tanto, también su luz. ¿Fue una equivocación, un error de cálculo, un fallido ejercicio de austeridad? Lo que sí sabemos es cómo subían hasta allí los carros con el combustible para el faro: por un estrecha senda, ahora llena de tojos, que sale desde el sur del viejo faro hacia la carretera actual. Se puede intuir en la foto de la derecha.

Pronto seguiré contando el resto de la historia. Faro Vilán bien se merece que me extienda.

“El faro del fin del mundo”, de Julio Verne.

el-faro-del-fin-del-mundo-de-julio-verneUno de mis libros favoritos de toda la vida ha sido, es y será “Un capitán de quince años“, de Julio Verne. Aquel viaje a Sudamérica, truncado de forma premeditada y despreciable, y la sorpresa e incredulidad de los viajeros, guiados por un chiquillo, por tierras que no responden a lo esperado, todavía me pone los pelos de punta. Julio Verne plasmó en sus libros las aventuras que deseaba vivir con todo su corazón, y que, sin embargo, sólo pudo imaginar atrapado en una vida burguesa e insatisfactoria. Su hermano menor, Paul, fue quien pudo cumplir el sueño de ambos de ser marinero, y se convirtió en su gran consejero e inspirador. Este anhelo fue inculcado quizás por una extravagante institutriz a quien su marido, capitán de barco, abandonó y a quien ella imaginaba viajando por el mundo y viviendo peligrosas aventuras que le impedían regresar a casa. Julio incluso huyó e intentó enrolarse como grumete a los 11 años, pero fue pillado por su padre y su aventura se vio frustrada. Con casi 50 años pudo al fin, con las ganancias de sus libros, hacerse con un gran velero que le permitió realizar viajes por el Mediterráneo, una fuente de inspiración y de paz para su espíritu.

El Faro del Fin del Mundo” es una de sus últimas novelas, publicada el mismo año en que su autor falleció, 1905, pero quizá escrita un par de años antes. Es diferente a otras historias más conocidas, más realista quizás. No habla de esos inventos científicos tan avanzados para su época que le hicieron tan popular y tampoco hay un gran viaje.

Arranca la historia con la inauguración del faro, en 1859, donde viven tres torreros, en la imaginaria bahía de Elgor, en la Isla de los Estados, la Tierra del Fuego argentina. Les esperan por delante tres meses de verano, hasta que llegue el relevo. El territorio es árido, el clima terrible, las condiciones de vida penosas. Pero el faro es muy necesario, se encuentra allí donde se juntan el Pacífico y el Atlántico y va a prestar un servicio precioso. Julio Verne es exhaustivo y dedica un capítulo entero a describir la isla y el faro, así como su funcionamiento con todo lujo de detalles: altura de la torre, alcance, construcción del edificio, funcionamiento de la linterna, aparato dióptrico, etcétera. En fin, que los tres fareros se prometen una vida tranquila aunque de duro trabajo, eso sí; lo que no saben es que en el otro extremo de la isla se encuentra escondida una banda de sanguinarios piratas que quedaron atrapados allí tras perder su barco, y que están tremendamente ansiosos por huir de allí a cualquier precio…

Una clásica novela de aventuras donde la amistad, la importancia del trabajo bien hecho y el amor a la patria eran aún valores importantes.

Feliz Navidad desde A Torre de Hércules.

ancla y torretorre asomándose
No hay nada mejor en el mundo para abrir el apetito que respirar aire puro dando un buen paseo cerca del mar, y cuanto más agitado y turbulento ¡mucho mejor! Hoy os quiero enviar mis mejores deseos para estas fiestas y para el nuevo año 2015 desde nuestra querida Torre de Hércules, que el fin de semana pasado estuvo medio escondida entre la niebla.
iluminada

Que el 2015 nos traiga a todos muchos paseos, caminatas, excursiones, periplos, viajes, expediciones y aventuras, amigos nuevos, felicidad. ¡Y muchas ganas de compartirlo! Felices Fiestas y feliz año nuevo. Bicos desde Galicia.

Una pequeña obra de arte y un regalo con mucho amor.

la chica del faro

Como es raro que la gente cercana a mí no se haya dado cuenta de lo mucho que me gustan los faros, a la hora de hacerme un regalo lo tienen muy pero que muy fácil. Y es así como he recibido este romántico collar. Siempre me han gustado este tipo de ilustraciones, infantiles, sí, pero con un punto melancólico más orientado a los adultos. Esta pequeña obra de arte es de Nuca y Nena, una chica que crea una artesanía maravillosa.

Nueva vida para los faros de Oza (A Coruña) y Lariño (Carnota).

Con los barcos al fondo.

Leo con alegría en la prensa de hoy que, gracias al acuerdo entre el Concello de A Coruña y la Autoridad Portuaria, el abandonado faro de Oza disfrutará una nueva vida convertido en un espacio cultural y formativo. Además del faro se acondicionará el entorno del mismo. Os dejo aquí los enlaces a las noticias: El Ideal Gallego, A Opinión de A Coruña y La Voz de Galicia.

Y a ello se suma la posible firma de un convenio para la apertura del faro de Lariño, según recogen también La Voz de Galicia y El Correo Gallego. Espero que ambas actuaciones lleguen a buen puerto, porque guías de fiar no les faltan.

 

A “Pedra de Burela”, rota por la fuerza del mar.

faro-burela
Comparto la foto de Eliseo Trigo que ha salido en el periódico Público (entre otros) con la impresionante imagen del faro de Burela roto por la base y apoyado en ella de una forma más que precaria. Me impresiona; nunca pensé ver algo así. Esta señal es una de las mejores imágenes que tengo de la Mariña lucense, y aún tengo pendiente escribir sobre ella. Tremendo lo que nos está haciendo el mar este invierno…

Señalizaciones en el puerto de Vilaxoán (Vilagarcía de Arousa).

VilaxoánBueno, no diréis que hoy no os traigo un farito bien curioso. ¿Es blanco, rojo, verde? Difícil decidirlo. Un tanto descuidado, pero ahí está, ayudando a los pescadores a volver al pequeño puerto de Vilaxoán.

Y hasta allí fui yo, para animar a la trainera da Pobra do Caramiñal y que la próxima temporada se codee con los mejores. Y de paso aproveché para dar un paseo por el bonito puerto pesquero. Vilaxoán fue ayuntamiento independiente hasta 1913, cuando debido a sus deudas tuvo que anexionarse a Vilagarcía. La unión parece que no fue muy beneficiosa para Vilaxoán, puesto que Vilagarcía se preocupa bastante del puerto pero no tanto de la villa en sí.

muelle de Vilaxoán

En contraste con él, esta otra señalización, al norte de la primera y a pocos metros, se ve mucho más moderna pero con menos encanto, claramente y en mi opinión.

puerto VilaxoánEl puerto como veis es el típico gallego, con sus lanchiñas de colores y sus redes de pesca secando al sol. Un bonito paseo para quien se acerque hasta la parte pontevedresa de la ría de Arousa a disfrutar de sus maravillas: la vikinga villa de Catoira; la elegante Carril y sus deliciosas almejas; las islas de Cortegada, Arousa y A Toxa; la señorial Cambados con sus vinos y licores ¡y mucho más! Galicia tiene mucho pero que mucho para cautivarnos.