Artículo de Guillermo Esaín: “25 secretos fareros”.

Gracias a María Eugenia, (una lectora del blog) que me ha enviado el enlace, he leído este artículo de Guillermo Esaín con 25 curiosidades sobre faros de España (entre ellos algunos gallegos) que posiblemente no sabíais. Espero que lo disfrutéis como he hecho yo. Sólo tenéis que pinchar en la imagen para acceder al texto completo.

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“Los últimos fareros”, en V Televisión.

V TV

Si pincháis en la imagen podréis ver un interesantísimo reportaje emitido en V Televisión sobre los últimos fareros. En él hablan, por ejemplo, con Cristina, la farera de Cabo Vilán (un lugar muy mítico para mí); ella nos enseña el interior del faro y nos cuenta cómo llegó a trabajar allí, nos habla de la soledad, del miedo y de la divulgación que hace para proteger los faros y su entorno.

Conocemos también a Ángel Brantuas, uno de los fareros de la Torre de Hércules, quien nos enseña las entrañas de la linterna del faro. A Luis Martínez, madrileño, encargado de señales marítimas (64, nada menos) en la ría de Vigo desde hace 24 años. Y al farero de San Cibrao, Román Ventoso, originario de Camariñas, que aún añora el faro de Vilán.

“Si no se escribe, esto se olvida”; así habla José de Olegario, marinero e historiador, sobre los miles de naufragios que han visto las costas gallegas. Lleva con esmero un registro de todos los barcos hundidos en nuestras costas.

Es un vídeo de unos 40 minutos de duración, y que vale mucho la pena disfrutar.

Reportaje sobre los último fareros gallegos, en La Voz de Galicia.

File0130Sentí una gran alegría al ver la portada de esta revista dominical: un gran reportaje de Alfonso Andrade con fotos de Ángel Manso sobre los últimos fareros gallegos. Al hilo del duro invierno que hemos sufrido en 2014, estos periodistas entrevistan a Cristina Fernández Pasantes, farera en Cabo Vilán; Eugenio Linares Guallart, farero de Estaca de Bares; y Miguel García Cernuda, farero de Punta Candieira. Pertenecen al grupo de los veintitantos fareros que aún quedan en Galicia. Reflexionan sobre cómo las tormentas van a peor cada año que pasa y los daños que han causado: nos narran con gran serenidad cómo el temporal arrancó tejados y rompió balizas, movió grandes rocas, arrastró furgonetas y tumbó cientos de eucaliptos a su alrededor; recuerdan cuántos naufragios han atendido en su vida y cuántos cuerpos tuvieron que ayudar a recuperar; calculan la probabilidad de que el control a distancia por ordenador les sustituya (aunque coinciden en que, cuanta más tecnología, más averías). Pero también explican cómo invierten el poco tiempo libre que su oficio les permite. Cristina, en particular, ha creado en el faro de Vilán un museo increíble del cual hablaré largo y tendido en otra entrada, ya que tuve el gusto de visitarlo y conocerla en persona hace muy poquito tiempo.

En fin, una lectura muy interesante que nos permite conocer un poquito mejor a estos valientes profesionales, que llevan su oficio metido en la sangre y no escatiman horas cuando peligran vidas humanas. Y es que en el fondo se sienten herederos de aquellos fareros fenicios que antiguamente enviaban señales a los barcos quemando aceite de crustáceos… (Eugenio Linares dixit)