¿Te apetece recorrer la costa gallega visitando sus faros y algo más?

Pues si es así te propongo una ruta, eso sí muy personal, desde Ribadeo hasta A Guarda, recomendándote otros lugares (además de los faros) que he visitado y valen la pena o bien que estoy deseando visitar. Así enriquecerás tu viaje por Galicia. ¿Te animas?

Empezamos, pues, en la provincia de Lugo. La primera parada la hacemos en Ribadeo, en el faro de Illa Pancha. Ha sido reconvertido en hotel la primavera de 2017, aunque le veo un futuro incierto debido a los problemas que tiene con el Ayuntamiento, los vecinos y Puertos del Estado. Se encuentra en un islote unido por una pasarela a la costa. Luego daos un pequeño paseo por Ribadeo, tiene unas preciosas casonas indianas (construidas por emigrantes que hicieron fortuna en América y volvieron a su pueblo), y vale la pena verlo.

A continuación os recomiendo que paréis a comer un arroz caldoso de marisco en el pequeño pueblecito de Rinlo, ¡delicioso! para acercaros después a la monumental Playa de las Catedrales. Para visitarla es imprescindible que esté la marea baja, si no es imposible recorrerla; consultad alguna web de mareas antes de ir. Y si es verano deberéis conseguir una autorización gratuita en la web de la Xunta. Allí tenéis aparcamiento, cafetería y baños.

Seguís carretera y pasáis por Foz, con su enorme y bonita playa de A Rapadoira. Si no os importa desviaros un poco y os gustan las buenas vistas, dirigiros unos 4 km hacia el interior para conocer la Basílica de San Martín de Mondoñedo y el mirador do Bispo Santo.

Hay a continuación un castro, el de Fazouro, una antiquísima construcción celta que os puede gustar. Cuando yo la visité estaba en muy buen estado.

Paraos entonces en Burela, un lugar famoso por la pesca del bonito; a principios de verano hay una fiesta donde lo preparan de mil maneras. Y en su puerto está atracado un barco reconvertido en museo, el Virgen del Carmen, donde podréis aprender mucho sobre el arte de la pesca, por si os apetece visitarlo. Allí hay también un faro modestito, a Pedra de Burela, que tuvo cierto protagonismo mediático hace unos años cuando un temporal lo rompió por la mitad; ahora está reparado y vuelve a lucir como siempre. Para mí tiene mucho encanto.

Continuamos carretera y os recomiendo una parada para entrar en la fábrica de cerámica de Sargadelos (en el concello de Cervo), y recorrer el Paseo dos Namorados, un pequeño camino que bordea el río. Podréis conocer la historia de esta centenaria fábrica de cerámica tradicional (allí, que hace años también fue fundición, fabricaron la escalera de caracol del faro de Corrubedo) y, si aún no lo estáis, enamoraros de Galicia o de la persona que os acompañe…

A continuación parada obligada: San Cibrao. Un pueblo pesquero precioso, especializado en su día en la caza de la ballena. Allí tenéis uno de los mejores faros urbanos de Galicia, el de Punta Atalaia. Realmente son dos faros juntos, el antiguo y el nuevo, y en medio la casa del farero; si tenéis suerte y el faro no ha sido ya automatizado lo veréis allí trabajando y podréis saludarlo. Además encontraréis en una de sus playas (el pueblo es una península) las ruinas de una fábrica de salazón; en la otra playa la estatua de la Maruxaina, una sirena que engaña a los marineros para atraerles a su isla (los islotes de os Farallóns, justo enfrente al faro); la sirena es muy famosa por esas tierras y tiene hasta una fiesta propia en el mes de agosto. La estatua, con marea alta, queda cubierta por el agua y parece que está nadando. Y en el centro del pueblo el Museo del Mar, gratuito, instalado en una antigua escuela; vale la pena una visita.

Dejamos a nuestra derecha el islote de Ansarón y llegamos al faro de punta Roncadoira; no es fácil de encontrar sin GPS, porque está bastante aislado. Como edificio es sencillo ¡pero el paisaje maravilloso!

Después tenemos una señal menor: Punta do Faro, un edificio rojo y no muy fácil de encontrar. Pasaremos entonces por la ensenada de la playa de Area con su romántico islote; en la playa se ubica un albergue juvenil en el cual pasé un verano inolvidable.

Y pasando el marinero pueblo de Celeiro entramos en la villa de Viveiro, antigua y señorial, como se suele decir. Veréis allí una playa preciosa con unos islotes muy peculiares (llamados de Covas), y un casco histórico amurallado. Además podéis subir al mirador de San Roque para disfrutar de unas vistas espectaculares de la ría.

Seguimos ruta por la costa y llegaremos a un faro sencillo pero que ha alcanzado una gran fama mediática por el camino vertiginoso que lleva hasta él: el faro de Punta Socastro (también llamada punta Fuciño do Porco). Seguro que estará lleno de visitantes, pero vale la pena llegar hasta allí.

A unos 5 km al norte, separando las rías de Viveiro y O Barqueiro, está la isla Coelleira, con su faro, su monasterio en ruinas, sus leyendas templarias, sus ricas y variadas colonias de pájaros  y, por supuesto, sus conejos.

Y muy cerca, en Vicedo, abandonamos la costa de la provincia de Lugo para entrar en la de A Coruña.

Tras cruzar el puente sobre el río Sor encontraremos O Barqueiro (y a 1 km el pequeño y sencillo faro da punta da Barra) y unos 4 km después O Porto de Bares. Ambos lugares son hermosos y pintorescos. 2 km nos separan entonces del mítico faro de Estaca de Bares. A mitad de camino encontraremos el hotel Semáforo de Bares, un antiguo edifico que perteneció al faro y se ha reconvertido exitosamente con fines turísticos (algún día llevaré allí a alguien muy especial). Estamos en la Galicia más septentrional, donde se unen el Cantábrico y el Atlántico, y desde aquí sólo nos queda descender hacia el oeste.

Detengámonos en Loiba, donde algún vecino o visitante descubrió el banco más bonito del mundo, en el cual sólo podremos sentarnos unos segundos antes de que los impacientes que hacen cola se exasperen más de la cuenta. ¡Queda mucho aún por ver!

Pasamos Espasante y Ortigueira (un precioso lugar donde pasear; allí tenéis una cita con el mítico y mejor festival de música celta) y llegamos a Cariño, un pueblo donde podéis probar sus famosas sardinas lañadas. Y de allí no os queda nada para llegar al faro de Ortegal. Coged aliento porque al bajar con el coche hasta el faro os quedaréis sin respiración. ¡Es un lugar alucinante! Estoy segura de que os encantará, porque es otro de mis lugares favoritos.

Continuamos ruta hacia el pintoresco y devoto pueblo de San Andrés de Teixido; pero id con calma por el camino para disfrutar las vistas de a Serra da Capelada; allí hay algún mirador (como la Garita de Herbeira) donde disfrutar de los acantilados más altos de la Europa continental, ¡ahí es nada! En estos parajes los caballos pueden campar a sus anchas. Pues bien, antes de llegar a San Andrés de Teixido, solo un par de km antes, veréis otro mirador donde hay un panel con la foto del actor americano Leslie Howard, el actor de “Lo que el viento se llevó“. ¿Y por qué? os preguntareis. Pues porque allí se estrelló el avión en que viajaba, derribado por los nazis, cuando volvía de una misión secreta. Increíble pero cierto.

San Andrés de Teixido es un famoso lugar de peregrinaje, tenemos un dicho en Galicia que dice que alí vai de morto quen non foi de vivo, es decir, que si no fuiste a San Andrés mientras vivías, volverás al morir pero reencarnado en algún reptil o pequeño bichejo; así que andaos con cuidado para no pisar ninguno, podría ser algún alma en pena.

Vamos llegando así a otro de mis lugares favoritos: Cedeira. Lo he visitado en todas las estaciones y no sabría decir cuándo me gusta más. Tenemos allí nada menos que cuatro faros:  el de punta Candieira, un poco antes de entrar en el pueblo y con una sinuosa carretera que desciende hasta él. En el mismo pueblo el de punta Sarridal, y en medio de la ría el de Piedras de Media Mar. Y, por último, y para mí más especial, el de punta Robaleira. Se ve desde el puerto de Cedeira y está al alcance de unos tres km paseando. Una preciosidad. En el puerto de Cedeira os recomiendo repostar en el mesón Kilowatio y probar su especialidad, el marraxo.

Después seguimos camino para conocer el faro de A Frouxeira; es un faro muy moderno, demasiado para mi gusto. Está después de la enorme y salvaje playa de Valdoviño. El gran encanto de ese lugar, para mi gusto, es que desde el faro, mirando hacia el oeste, veréis un pequeña y blanca capilla en medio de las rocas y de las olas (cuando hay marea alta). Si os apetece es posible visitarla, se llama Ermita de Nosa Señora do Porto. Aunque verla desde el faro es espectacular, ¡ya veréis!

Y ya no hay otro faro hasta el de Cabo Prior, muy cerca de Ferrol. Está en lo alto de unas rocas y hay desde allí unas vistas espectaculares. Muy cerquita también el de Prioriño Chico, quizá menos vistoso que su hermano mayor. Por esta zona hay largas playas de arena fina y oleaje feroz, como las de San Xurxo o Doniños.

Cuando terminéis de ver ambos faros, antes de entrar en Ferrol pasaos si podéis por el castillo de San Felipe (del s.XVI), que junto a su hermano el castillo de A Palma (que está justo enfrente), defendían la entrada a la ría de Ferrol, tensando una cadena entre ambos que impedía el paso de los barcos.

Daos un paseo entonces por la preciosa villa de Mugardos, donde debéis deteneros a comer su famosísimo pulpo a la mugardesa. Y al oeste, a 1 km aproximadamente, tenéis el faro de A Palma, pequeño, cuidado y muy bonito.

Continuamos camino y después de pasar por Ares nos encontraremos el pequeño pueblo de Redes, conocido porque sus casas de marineros están encima del mar; los pescadores abrían la puerta y ya metían el pie en la barca. Le llaman la pequeña Venecia gallega. Luego está Pontedeume, villa fundada por Alfonso X el Sabio, y donde la familia Andrade dejó una importante huella arquitectónica; muy cerca tenemos una de las entradas a las maravillosas Fragas do Eume: un antiquísimo y frondoso bosque, en medio del cual está el muy recomendable Monasterio de Caaveiro y su precioso puente medieval a escasos metros.

Otra parada gastronómica: en el puerto de Lorbé: se trata de una carretera que baja hacia el mar, y allí tenéis un par de restaurantes donde podéis comer marisco buenísimo y muy bien de precio. Muy recomendable. Y para rematar la comilona un paseo por los acantilados de Dexo-Serantes hasta los faros de Mera.

Y llegamos así a mi ciudad, A Coruña; aparte de los muchos encantos de la misma, tenemos aquí tres faros interesantes: el de Oza, que ahora mismo está abandonado y en desuso, esperando un proyecto de rehabilitación, a pesar de lo cual se merece una visita; el pequeño faro situado dentro del Castillo de San Antón (también es museo arqueológico); y por supuesto la Torre de Hércules, el mayor de todos, con un museo en su subsuelo y con acceso permitido casi hasta la linterna. Los lunes la entrada es gratuita. Tenéis además el monte de San Pedro, los museos científicos, nuestras playas, la ciudad vieja, la plaza de María Pita, la calle Real…

Salimos de A Coruña y emprendemos camino hacia la mítica Costa da Morte, llamada así por la cantidad de naufragios que han ocurrido en sus escarpadas costas. Encontraremos unas largas y salvajes playas como Barrañán o Razo. Empezamos en Caión, un pequeño pueblo situado en una península, a mí me gusta mucho aunque a mucha gente le parece sobreedificado (y tienen parte de razón). Tiene un bonito paseo marítimo que llega hasta su playa, caracterizada por un fuerte oleaje.

Luego visitad Malpica, un pintoresco pueblo de pescadores; en su puerto tenéis la Casa del Pescador, para comer o tomar un café (y tiene un plus, unos bonitos murales de Lugrís, un famoso pintor gallego); a unos 3 km al sur hay un cabo, el de San Hadrián, con una pequeña ermita, y desde allí tenéis las mejores vistas de las islas Sisargas y su faro. Éste era el peor destino que le podía tocar a un farero en Galicia, uno de los llamados “infiernos”. Es una visita MUY apetecible. Lo malo es que para ir a la isla necesitas hablar con algún pescador que te lleve, no hay barcos que vayan de forma regular; yo todavía no me he puesto a organizar en serio esta visita, pero es uno de los faros pendientes que más me apetecen.

Poco después de San Hadrián está el faro de Nariga. Es el faro gallego de más reciente construcción; original y moderno,  fue diseñado por el arquitecto César Portela; su entorno es rocoso y espectacular. A mí me gustó muchísimo, y lo he visitado en un par de ocasiones. Después os recomiendo ir al faro de Roncudo (en Corme, Ponteceso). Es una torre muy sencilla, pero la zona también es rocosa y salvaje. Allí se capturan los mejores percebes de Galicia, pero el mar es tan duro que muchos mariscadores han fallecido arrastrados por las olas, y el lugar está sembrado de cruces para recordarlos. En cualquiera de los bares del pueblo podréis probar los percebes, si os gustan.

Después de pasear por la maravillosa desembocadura del río Anllóns y su complejo dunar, nuestra ruta nos lleva a Laxe y su faro. Éste es gemelo idéntico al de Roncudo. Laxe tiene una playa preciosa, y allí comí en un restaurante llamado Casa do Arco, se come muy bien aunque es algo costoso. En Laxe también tenéis la bonita Playa de los Cristales, donde el mar depositó cristales pulidos de muchos colores.

Continuamos hacia Camelle, un pueblo con bastante fama gracias a que allí vivió un eremita alemán llamado Manfred Gnädinger, quien creaba esculturas con piedras y rocas. Falleció en 2002 poco después de que un petrolero llamado Prestige encallara muy cerca de allí; parece ser que se afligió muchísimo al ver cómo sufría la naturaleza aquella marea negra, y falleció de la pena. Sus esculturas siguen allí, pueden visitarse, y son realmente curiosas.

Si continuamos camino bordeando el mar podemos visitar el Cementerio de los Ingleses, donde enterraron a los aproximadamente 170 tripulantes del Serpent, un buque inglés que encalló a finales del siglo XIX. Y así nos acercamos hasta un faro imprescindible en cualquier viaje farero que se precie: el de cabo Vilán. Un entorno espectacular en plena Costa da Morte, rodeado de leyendas y de naufragios, y un hermoso edificio alto y esbelto. Allí disponéis de cafetería, sala de exposiciones de arte y un pequeño museo con antiguas máquinas y piezas de faros. Muy recomendable. Y si tenéis ocasión de saludar a Cristina, la farera, no la perdáis; es una mujer encantadora.

Pasamos por Camariñas, lugar famoso por sus encajes, y os recomiendo un descanso en la playa de Lago (concello de Muxía); allí hay un pequeño faro de color blanco y una playa un tanto escondida y paradisíaca, de aguas muy tranquilas. Si tenéis suerte y no vais en verano la disfrutaréis para vosotros solos. Es realmente una maravilla. En el centro de Muxía tenéis un enclave mítico y lleno de leyendas: el santuario de la Virgen de la Barca; y justo al lado el faro de la Punta de la Barca. Lo de Barca viene de la leyenda de que la Virgen llegó hasta allí en una barca de piedra, cuyos restos son las grandes rocas que encontraréis por todas partes. Hay dos piedras más famosas que otras: la de Abalar (que se tambalea un poco cuando varias personas se suben a ella, lo cual solo se hace en las romerías) y la de Os Cadrís (riñones, en gallego): quien pase por debajo de ella no tendrá jamás dolores de espalda; veréis a muchos turistas arrastrarse bajo una roca, no tiene pérdida. El faro en sí es muy sencillo, similar al de Roncudo pero un poco más grueso. Es un lugar de visita obligada.

Siguiente parada: faro de Touriñán (también en Muxía): se trata de otro lugar donde podéis ver en pie el faro antiguo al lado del más nuevo y moderno. Es además el punto mas occidental de Galicia, el auténtico finis terrae, aunque injustamente la fama se la ha llevado siempre el de Finisterre; Touriñán está menos visitado a pesar de que vale muchísimo la pena. Es el favorito de muchos amantes de los faros que conozco: apartado, en un cabo donde el mar golpea furioso la costa…

A pesar de lo que acabo de escribir, hay que parar en Finisterre, el siguiente punto en mi mapa. Faro grande y robusto, con varios edificios anexos, uno de los cuales ha sido reconvertido en cafetería y restaurante. Fin del peregrinaje de muchos que ya han llegado a Compostela, y continúan ruta hasta aquí con el objetivo de quemar sus ropajes, darse un baño purificador en el mar  y contemplar la puesta de sol. No os podéis ir de Galicia sin pasar por aquí. En este punto terminaría a Costa da Morte y podemos decir que empiezan las Rías Baixas.

Paramos a visitar el faro de cabo Cee, desde donde podréis ver los peligrosos bajos de Carrumeiro Chico, y seguimos recorriendo la costa hacia el sur. Nos encontramos entonces con la cascada del Ézaro: es quizá el único río europeo que desemboca en el mar en caída libre, en cascada. El entorno está muy cuidado y arreglado, y desde allí podéis subir al mirador del Ézaro y al Monte Pindo, un lugar salpicado de relieves en bolos de granito y que inspiró gran cantidad de historias y leyendas de deidades, monstruos y gigantes míticos. En él se pueden encontrar numerosos restos arqueológicos, como petroglifos, útiles de bronce y restos de una supuesta antigua ermita. Tenéis desde allí una maravillosa vista de la ría y de las islas Lobeiras, donde también hay un bonito aunque abandonado faro (que aún funciona, y que tengo pendiente de visitar). En esta zona podréis disfrutar de lo mejor de Galicia: preciosas y enormes playas, miradores con vistas increíbles y algunos de los mayores hórreos. No os lo perdáis.

Seguimos hacia el sur y así llegamos al faro de Ínsua o Lariño (en el municipio de Carnota): es muy grande y recomendable de ver; la última vez que lo visité estaba en unas condiciones lamentables. Se sacó a concurso recientemente para habilitarlo con fines hosteleros, a ver cómo acaba la cosa.

Unos 5 km más al sur tenemos otro bonito faro, aunque más pequeño que el de Ínsua: el de Monte Louro (Muros), muy similar al de Cee. Está al pie de dicho monte y tiene una zona rocosa interesante a su alrededor, así como los restos de un edificio que no sé bien a qué se destinaba. Y, al otro lado del Monte Louro, la laguna del mismo nombre; como tantos sitios en Galicia está rodeada de leyendas, como la que afirma que en lo más hondo de la misma hay una ciudad hundida.

Continuamos un par de km para dirigirnos al precioso pueblo de Muros, y justo antes de entrar podréis ver el faro de Cabo Rebordiño: es un faro muy curioso porque está en una curva de la carretera, pegado a una casa, y si no te fijas te lo pasas sin darte cuenta. Yendo desde Louro queda en el lado izquierdo. Y os recomiendo una paradita en Muros, un pueblecito de los más bonitos de Galicia, donde podéis aprovechar para comer. Yo estuve un restaurante llamado A Esmorga, tiene unas vista espectaculares y se come de maravilla, aunque no es demasiado barato.

Nos vamos hacia la parte sur de la ría de Muros y encontramos otra bonita villa medieval: Noia. Todos los jueves y domingos celebra un bullicioso mercado que atrae a gente desde Portugal, incluso. En su mercado de abastos podéis encontrar magníficos pescados del día además de unas estupendas lambonadas, como decimos aquí.

Seguimos hacia Corrubedo pero parándonos a conocer el castro de Baroña, una auténtica joya dentro de los asentamientos celtas en Galicia. Parada, pues, en el faro de Corrubedo. Un lugar muy interesante no sólo por el faro en sí, compuesto por varios edificios y que también se aprovechará para uso hostelero (igual ya es un hotel/restaurante/cafetería/lo-que-sea cuando lleguéis allí), si no también por el Parque Natural de las Dunas de Corrubedo, apenas a 3 km; es una zona protegida y muy hermosa.

Llegamos así a la ría de Arousa, lugar de donde procede mi familia; hay allí muchas señalizaciones menores, y las que valen la pena ver están situadas en islas:

  • El faro de la isla de Sálvora, enorme, al cual se realizan excursiones guiadas varios días por semana en determinadas épocas del año (buscando en internet encontraréis toda la información); son unas 4 horas entre ir, pasear y volver; los barcos salen de varios puntos de la ría, tanto del norte como del sur. Allí veréis también una aldea abandonada, un pazo, una hermosa playa…
  • Luego está el faro de la isla de Rúa; es una isla pequeñita a la cual os tendría que llevar alguien a propósito; no muy factible pero la visita vale mucho la pena. Si váis a Sálvora probablemente la veis por el camino.
  • Y por último el faro de Punta Cabalo, en la isla de Arousa; esta isla está unida a tierra por un puente de 2 km, así que es fácil llegar hasta allí. La isla es muy turística y tiene además muchos otros puntos de interés: una zona natural protegida, un paseo de madera que recorre varios km, muchas playas, una fábrica de conservas reconvertida en museo, un mirador desde donde se ve toda la isla…; el faro es pequeño pero muy bonito, y funciona además como restaurante. También podéis comer en un sitio en el centro del pueblo llamado “La Meca”, tienen un pulpo delicioso. En fin, es uno de mis lugares favoritos en Galicia.
En la parte norte de esta ría también es recomendable visitar A Pobra do Caramiñal y Rianxo, dos villas marineras muy señoriales y cuna de grandes escritores gallegos.

El sur de la ría de Arousa pertenece ya a la provincia de Pontevedra; aquí está Catoira, con el atractivo de ver las Torres del Oeste, donde nos defendimos con uñas y dientes de las invasiones vikingas. Carril, lugar de procedencia de las mejores almejas gallegas. Cambados, un pueblo precioso, cuna del vino Albariño (con su correspondiente fiesta veraniega donde exaltarlo debidamente); allí se encuentra el bellísimo pazo de Fefiñanes, una gran bodega que podéis visitar. También vale la pena pasarse por la isla de la Toja, un lugar donde veranea la gente de posibles; se puede acceder en coche sin problema. Y veréis la inmensa playa de A Lanzada, una de las cuatro playas más largas de Galicia. Otros lugares muy turísticos (tal vez demasiado para mi gusto) son Portonovo y Sanxenxo, gracias a sus playas y al turismo deportivo y náutico, principalmente.

Desde esta zona de Galicia tenéis rutas en barco a otra isla con faro: la de Ons. Al igual que ocurre con Sálvora y las Cíes (todas pertenecen al Parque Nacional das Illas Atlánticas), sólo se realizan rutas en determinadas épocas; de nuevo os recomiendo mirar en internet si os coinciden las fechas porque vale mucho la pena. Ons es una isla estupenda, habitada, con lugares donde comer y dormir si os apetece, playas de ensueño y rincones llenos de misterio como o Buraco do Inferno. Su nombre lo dice todo.

En el interior de la ría de Pontevedra visitad por favor el precioso pueblo de Combarro, MUY aconsejable con sus casas marineras encima del mar; del estilo de Redes (provincia de A Coruña) pero más grande, más pintoresco y más cuidado.

La ciudad de Pontevedra tiene un casco histórico maravilloso y muy cuidado. Y si hacéis una parada en Marín podréis ver desde allí la isla de Tambo con su faro, llamado de Tenlo Chico. La isla era propiedad militar y por el momento está prohibido desembarcar en ella, pero tiene su encanto y el faro es muy curioso. En ocasiones se organizan visitas guiadas, buscad en internet a ver si os coincide apuntaros a alguna. A quienes vayan con niños les recomiendo además el Parque de los Sentidos, un lugar lleno de sorpresas.

Tenemos ahora un trozo de costa idílico, por lo que leí y las fotos y recomendaciones que me han llegado: la pequeña y bellísima ría de Aldán, vigilada por el faro de punta Couso, y la llamada Costa da Vela, donde tenéis 3 estupendos faros: una enfilación (dos torres blancas, altas y esbeltas: Cabo Home y Subrido) y el faro de Robaleira(se llama igual que uno de los faros de Cedeira, sí), bajo, achatado y de un rojo intenso.

Y entramos en la ría de Vigo. Aquí tenéis el faro de A Guía, el segundo más antiguo de Galicia después de la milenaria Torre de Hércules, nada menos. Modesto pero con una vista estupenda del puente de Rande y de la ciudad. En pleno centro de Vigo podéis visitar el Museo del Mar, donde Aldo Rossi y César Portela construyeron un faro muy bonito, que parece de hierro oxidado, pero que no funciona, es puro adorno para el museo. Para mí la ciudad de Vigo tiene muchísimo encanto a pesar de sus muchas cuestas, pero es una ciudad con mucha personalidad y muy inquieta, culturalmente hablando. Me chifla la isla de San Simón, un lugar que fue cárcel, lazareto, monasterio y mucho más. Se realizan visitas guiadas pero ya sólo verla desde la costa trae buenas vibraciones.

Y, por supuesto, no se puede abandonar Galicia sin conocer las Islas Cíes, un paraíso natural donde tenéis nada menos que tres faros, dos de ellos más bien modestos; el tercero y más importante, elfaro de Cíes, está en lo más alto de la isla (de hecho es el faro gallego a mayor altura sobre el nivel del mar, y muchas veces queda inutilizado por la niebla o cualquier nube baja). Ojalá podáis ir, a pesar de que necesitareis al menos un día entero para recorrerlas. Tenéis al llegar una caseta de información turística donde os regalarán un plano detallado de las posibles rutas. Vale muchísimo la pena. Una de sus joyas es la bellísima playa de Rodas, con sus gélidas aguas.

Nos queda poco ya para llegar a Portugal. Estamos en una comarca donde el turismo naútico y las playas son una fuente de riqueza: Samil, Praia de Patos, Panxón, Nigrán, Praia América… Pero también tenemos otro tipo de visitas como el puente románico da Ramallosa, el monasterio de Oia, la monumental villa de Baiona la Real (el primer lugar a donde llegó la noticia del descubrimiento de América) o los impresionantes molinos en cascada de O Folón. Y visita obligada al último de los faros gallegos: el de Silleiro, grande y llamativo con sus franjas rojas y blancas. Está situado unos 4 km al oeste de Baiona. Realmente consta de dos edificios: el antiguo faro, a la orilla del mar, y el nuevo, unos 700 metros más atrás y a mayor altitud. Entre ambos hay una antigua batería militar, parece ser que con sus cañones y sus túneles, a quienes le gustan estas cosas dicen que es digno de visitar.

Y vale la pena unos últimos kilómetros más para acercarse a la frontera con nuestro país hermano, Portugal. Allí podéis disfrutar de las vistas de la desembocadura del río Miño y del impresionante castro de Santa Tegra, en A Guarda.

Otra de las riquezas de estas tierras es la viticultura, así que si podéis visitad alguna de los cientos de bodegas y descubriréis uno de nuestros mayores tesoros.

Hay miles de lugares más en Galicia que merecen una visita, yo sólo escribí sobre aquellos que he visitado o pienso visitar cuando recorro la costa buscando faros. Seguro que me olvido de muchos y descubriré otros de los que nadie habla, pero con tiempo este artículo irá cambiando y con suerte mejorando. Espero que lo disfrutéis.

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