Octavo cumpleaños del blog.

Pues casi sin darme cuenta han pasado ocho años desde la fecha en que abrí el blog y publiqué la primera entrada. Desde entonces hasta hoy se han sumado 233 artículos más en los que he escrito sobre faros, fareros, libros, películas, arte y otros viajeros amantes de los faros. Haciendo un repaso de los más antiguos me he puesto un poco nostálgica, y me leía además con ojo crítico reparando en lo ingenua que era en aquel entonces. Con ayuda de los amigos que he ido haciendo por el camino he aprendido mucho sobre faros, y, aprovechando que he vuelto a muchos lugares y tenía más y mejores fotografías, estas últimas semanas he actualizado algunos artículos donde las imágenes no tenían mucha calidad y echaba en falta un poco más de historia documentada. Sin embargo decidí dejar como estaban mis comentarios más personales, creo que no debo cambiarlos aunque hoy me parezcan desfasados, cursis o algo simples; no siempre he sido como soy ahora y no sólo no pasa nada, si no que espero seguir cambiando.

Y como este último año las alegrías que el blog me ha traído han sido tan pero tan increíbles, para celebrarlo y daros las gracias por seguirme leyendo se me ha ocurrido mostraros algo que no suelo compartir, de lo que me guardo para mí y casi nunca publico, esas fotos más personales que también hago cuando visito un faro. Suelo salir en pocas, la verdad, casi siempre estoy detrás de la cámara, así que me ha costado un poco reunirlas porque además quería que fueran especiales por algo más que por estar sacadas cerca de un faro. Todas ellas traen una historia curiosa, un viaje maravilloso o una persona especial (y a veces incluso, en mágico equilibrio, las tres cosas a la vez), y por eso se me ve tan feliz en ellas. Espero que os gusten y que de aquí a ocho años pueda publicar unas cuantas más.

Y un pensamiento para despedirme: si crees en algo, si de verdad te gusta, ve a por ello.

¡Millones de gracias!

“Faros del mar Cantábrico” y “Faros de Asturias”, libros de Félix González Muñiz.

Mis amigos personales y también los digitales me escriben cuando encuentran cualquier tema relacionado con los faros. Esta es una de las cosas maravillosas e impagables que el blog me ha traído, tanta gente que piensa en mí cuando ve un faro en sus paseos, en la cubierta de un libro o donde sea: “Me acordé de ti el otro día cuando…

Así que hoy puedo compartir estos dos estupendos libros de Félix González Muñiz. Trae unas fotografías muy bonitas sobre faros de Galicia, Asturias, Cantabria, Euskadi y Francia, y me impresionan porque muchas de ellas nos ofrecen un punto de vista muy difícil de obtener para un viajero normal: desde el mar o desde el aire. Podemos ver así el faro integrado en su entorno, de una manera tal que sería imposible disfrutar de otra manera. Me han gustado especialmente estas dos de abajo; son de San Esteban de Pravia y de Cudillero, ambas en Asturias. Podéis curiosear en su página web estas y otras fotografías y comprar los libros si os gustan.

De verdad, de verdad, que me veo paseando por ahí…

 

Faro Rubjerg Knude, Dinamarca.

En febrero de 2014 escribí en el blog sobre el faro Rubjerg Knude, en Dinamarca; cuando se construyó, en 1899, estaba situado a 60 metros sobre el nivel del mar. Poco a poco la arena lo fue cubriendo hasta que en 1968 quedó fuera de servicio porque su luz ya no era visible. Así estaba en aquel momento:

Increíble, ¿verdad? Pues estos días, casi seis años después, me envía mi hermana Paula una noticia que se publicó en periódicos y apareció en televisión, donde se informa de que el faro ha tenido que ser trasladado tierra adentro para evitar que el mar se lo trague. Para ello han utilizado una especie de vías o rieles que permitieron deslizarlo hasta su nueva ubicación. Comparto una foto de Hans Ravn publicada en el periódico danés Berlingske:


De verdad que el ser humano es capaz de ingeniar las cosas más increíbles, por muy imposible que parezcan. Me alegro mucho por el faro.

Baliza de punta Socastro (o Fuciño do Porco), O Vicedo (Lugo).

Hay algunos lugares que permanecen escondidos, aunque a la vista de todos, esperando que alguien los descubra. Lástima que cuando esto ocurre el sitio en cuestión empiece a llenarse de turistas, excursionistas y trotamundos varios haciendo cola para llegar hasta él, y entonces pierde casi todo su encanto. Esto fue lo que ocurrió con el llamado “banco más bonito del mundo“, en Loiba (Ortigueira), donde la gente espera con paciencia su turno para sentarse unos segundos y hacerse la foto de recuerdo. No me importa reconocer que yo fui una de esas personas.

Pero en un mundo controlado por las redes sociales donde todo se comparte hasta el aburrimiento no quedará nada o casi nada cuyos misterios no sean desvelados antes o después. Si queremos visitar esos lugares mágicos no queda entonces más remedio que buscar una fecha fuera de vacaciones, puentes y fines de semana para intentar evitar las aglomeraciones.

Y, dicho esto de forma totalmente sincera y sentida, paso a sumarme al aluvión de gente que se siente en la necesidad de compartir con el mundo todos los detalles de su último viaje cual si fuera un pionero. La visita que hoy os cuento es a un lugar increíble que parece mentira que casi nadie conociera hasta que hace dos o tres años un periódico gallego publicó una fotografía que se volvió “viral”. Y cual virus invasivo la punta Socastro se llenó de visitantes ávidos por recorrer este sendero maravilloso, algo completamente comprensible a la vista de las imágenes que también os traigo yo.

La punta Socastro (cuyo nombre significa debajo o al pie del castro) es también conocida como Fuciño do Porco porque dicen que a los marineros, cuando lo ven desde el mar, su forma les recuerda el hocico de un cerdo. Yo sólo pude verlo desde tierra pero encontré un vídeo muy chulo de RGSDron donde efectivamente se puede comprobar. Podéis disfrutarlo al final del post.

En dicha punta se encuentra un pequeño faro, una baliza de difícil acceso para quien deba ocuparse de ella: hay que coger la carretera LU-862, y a unos 3 km yendo desde Viveiro hacia O Vicedo se ve un desvío perfectamente señalizado con una amplia zona donde dejar el coche (hay un párking habilitado y una camioneta para vender bocadillos, helados y refrescos, oigan); seguimos entonces un sendero de algo más de un km que discurre entre árboles y vistas maravillosos y que acaba en la magnífica y vertiginosa pasarela de madera que nos hace descender hacia el mar y después subir a lo alto y que llega hasta la torreta a través de unos acantilados de colores explosivos. Como decía, algo complicado y tal vez fatigoso para quien lo tenga que recorrer con frecuencia por obligación, pero para mí más que sugestivo y estimulante.

No se puede decir que dicha baliza valga la pena por sí misma, la pobre es una sencilla construcción metálica verde de 6 metros de altura, muy útil y funcional, desde luego, pero no os esperéis un señor faro. Y lo digo porque al llegar a ella escuché a una buena señora exclamar muy compungida: “¿Pero éste es el famoso faro? ¡Pues vaya por Dios!”. Tal vez lo confundió con el muy cercano de Estaca de Bares y estaba algo decepcionada. Vosotros acercaos, sí, y disfrutad el largo camino, como recomendaba Kavafis, sin olvidar la meta pero sin apresurarse.

Y una vez en el entorno del faro, sentaos y disfrutad de las magníficas vistas de la ría de Viveiro: el islote Gaveira y tras él la playa de Area, donde yo pasé mi inolvidable verano de los dieciocho años (¡ay, los primeros amores!), la isla de Coelleira (donde también luce un hermoso faro) y el inmenso Atlántico a vuestro alrededor.

Y ahora sí, aquí os dejo el enlace al vídeo de RGSDron. Además de éste tiene otros vídeos magníficos de paisajes de España de difícil acceso, así que vale mucho la pena curiosear en su perfil:

Post data prosaica para los interesados: la luz de la baliza de punta Socastro es de color verde, se eleva a 20 m sobre el nivel del mar y tiene un alcance de 7 millas. ¡Hasta la próxima!

Regreso (¡y muy feliz!) a la isla de Ons.

Siempre he pensado que soy muy afortunada por muchas cosas: tengo un trabajo que me encanta, una familia estupenda, amigos que me quieren, una casa llena de libros en la que estoy muy a gusto, y libertad para ir y venir cuando quiero. Hace casi ocho años que puse en marcha este blog y, gracias a él, he podido conocer a gente maravillosa y participar en proyectos increíbles. Pero jamás se me pasó por la cabeza que podrían llegar a contar conmigo para la aventura tan extraordinaria que viví la semana pasada.

Hace unas semanas Toni Burón, de TVE, se puso en contacto conmigo para preguntarme si me gustaría participar en el rodaje de un capítulo del programa de senderismo “80 cm”. Querían comenzar la cuarta temporada recorriendo la isla de Ons, y después de buscar información en internet y encontrarse con mi blog había pensado en mí para acompañarles en la ruta del faro. No creo que Toni se haga una idea aproximada de la enorme ilusión que me hizo su llamada, porque, siendo como soy un poco supersticiosa y precavida, tenía yo un cierto miedo a que aquello, que tan sensacional me estaba sonando, se pudiera frustrar por algún imprevisto (de hecho hubo que retrasarlo unos días por mal tiempo). Pero le notaba a él tanto entusiasmo contagioso exponiéndome su plan que era imposible pensar que nada pudiera salir mal. Y todo fue perfecto de principio a fin.

Salimos del puerto de Bueu el martes 1 de octubre bien temprano en un barco de Piratas de Nabia. Toni y su equipo me acogieron desde el primer momento como a una más, y me hicieron participar del proyecto de tal manera que pude conocer a fondo los entresijos de la magia de la televisión. De verdad que es increíble el trabajo que puede dar un programa de veinticinco minutos, y la cantidad de escollos e imprevistos que consiguieron superar estos chicos. Pero son unos profesionales tan grandes, con tanta ilusión por su trabajo y con tan buen ambiente entre ellos que todo fue fácil, cómodo y, sobre todo, muy muy divertido.

Nos pasamos la tarde del martes grabando la subida al faro bajo un sol otoñal tan radiante que parecía verano. La llegada al faro coincidió con el anochecer, y las últimas escenas fueron un lujo para mí: en el balconcillo de la linterna, viendo cómo el faro se encendía mientras se ponía el sol en el horizonte. De verdad, no os podréis hacer una idea, hasta que veáis el programa, del inmenso regalo que me hicieron al invitarme a la isla y cuánto lo disfruté.

Jesús, el farero, nos abrió las puertas de su casa con muchísima amabilidad, y aunque al principio pensaba quedarse tranquilamente un poco al margen del trajín finalmente decidió subir a la linterna para acompañarnos. No creo que reciba con frecuencia visitas tan bulliciosas como lo fue la nuestra y no quiso perderse ni un detalle de la grabación; él y su esposa se divirtieron mucho durante aquel rato antes de volver a la tranquilidad de su vida diaria. ¡Gracias por tu hospitalidad, Jesús!

Nos marchamos del faro ya con noche cerrada, y después de cenar fuimos con Susi (una isleña de toda la vida, que nos acogió como a familia) y con Richi Lago, un chico de Vigo experto en astronomía, para grabar el precioso firmamento que convierte a Ons en un destino perfecto para observar las estrellas y constelaciones. Pocas ocasiones tengo yo para disfrutar, como aquella noche, de la nula contaminación lumínica y del silencio de la Naturaleza, sólo interrumpido por nuestras charlas y risas.

Onza y Cíes

Nos fuimos a la Pensión Casa Acuña a dormir agotados, y a la mañana siguiente, tras el desayuno, fue Susi quien nos llevó a recorrer la ruta sur de la isla: la playa de Area dos Cans con su tumba antropomórfica; el mirador de Fedorentos (foto de arriba), desde el cual se divisan la pequeña isla de Onza, las Islas Cíes, a Costa da Vela y la ría de Aldán. Después continuamos hasta o Buraco do Inferno, una sima de más de cincuenta metros que baja en vertical hasta el mar, y donde sus golpes en días de tormenta hicieron pensar a los isleños que aquello era la entrada al mismísimo averno. Y por último recorrimos un camino que bordea los acantilados del oeste de la isla. Un recorrido circular de algo más de seis km que nos hizo enamorarnos aún más si cabe de Ons. ¿Y qué decir de lo bien que nos supieron aquellos estupendos bocadillos tras la caminata al aire libre?

Con mucha pena a última hora de la tarde nos tuvimos que despedir de la isla y embarcar hacia el continente. Ons quedaba desierta ante el aviso de mar de fondo que volvía muy peligrosa la navegación durante todo el jueves. Aquellos dos días se terminaron pero nunca olvidaré a Toni, Antonio, Juanjo, Christian, Roger, Jordi y Edu. Espero que ellos también me recuerden, que conservemos una bonita amistad y de corazón deseo volverles a ver muy pronto, cualquier día de estos, en cualquier rincón de España. ¡¡¡Gracias!!!

 

Faro de Punta da Barra (Mañón).

¡Hola, forofos de los faros y por tanto amigos queridos! Tras un largo y merecido descanso veraniego retomo las rutas por la costa de Galicia visitando faros, grandes y chicos, intentando completar mi personal mapa de las luces gallegas. En esta ocasión os invito a acompañarme a la pequeña y preciosa ría de O Barqueiro donde varias señales marineras nos aguardan.

Esta ría es una de las más pequeñas da nosa terriña; aquí se separan las costas de las provincias de A Coruña (representada por el concello de Mañón) y Lugo (concello de O Vicedo). ¿Y quién se ocupa de separarlas? Pues un pequeño río, el Sor, de apenas 50 km de recorrido, que en su desembocadura conforma este bellísimo paisaje de la foto de abajo.

El pequeño y pulcro faro que hoy visitamos, llamado de Punta da Barra, podéis adivinarlo al fondo de la fotografía, cerrando este recodo de la ría por el lado izquierdo. La foto la tomé justo antes de cruzar el puente sobre el río Sor.  Mejor dicho, uno de los tres puentes que transcurren paralelos por encima de su desembocadura.

Después de pasear por el precioso puerto de O Barqueiro, con sus casitas de colores colgando sobre el mar, nos acercamos hasta Arealonga, una playa inmensa, de aguas mansas y arena fina, donde fue una delicia caminar y cruzar andando entre los islotes que se formaron al bajar la marea. Allí pasamos una hora muy relajante y desde allí fue, precisamente, donde pude fotografiar este faro mucho mejor.

Es una baliza blanca, con una sencilla torre de 9 metros de altura y cuya luz, blanca-roja-verde, se eleva a 17 metros sobre el nivel del mar. Tiene un alcance de 5 millas náuticas.

Por hoy nada más, en breve os seguiré contando qué otras luces visité en esta pequeña ría. ¡Hasta pronto!

Despedida de una de las últimas fareras.


Se nos jubiló Cristina. Tras casi cincuenta años como farera y de conseguir salvaguardar un importante legado, piezas históricas que se conservan en el Centro de Interpretación de naufragios, faros y señales marítimas da Costa da Morte, se ha ganado un merecido descanso; pero lo hace con mucha pena, temiéndose ser uno de los últimos fareros que vivirá en un faro. Han sido muchos años de trabajo, de pelear, contra la Naturaleza y a veces contra la burocracia, pero los echará mucho de menos. En La Voz de Galicia y Cadena Ser Cristina se despide ya con morriña de esa vida de la que puede estar muy orgullosa. Un gran abrazo para ella.