“O faro escuro”, de María López Sández.

El libro comienza en 1997 con un viaje en avión. Catalina, una periodista novata, viaja a Galicia para cubrir la desaparición de unas mujeres en un pequeño pueblo de A Costa da Morte. Pero algo terrible ocurre y el avión cae al mar. Catalina y un puñado de pasajeros más consiguen salvarse. Año 2014. Catalina, ya una famosa periodista, se despierta encerrada en un pozo seco y con un golpe en la cabeza. La inspectora Neira, que ya investigó las desapariciones de 1997, descubre gracias al móvil de Catalina que, antes de desaparecer, visitó una isla habitada únicamente por un farero. Fue cerca de esa isla, hace 17 años, donde el avión de Catalina se hundió. Nadie lo sabe aún, pero el pozo donde Catalina está atrapada se halla en dicha isla, y el farero es también uno de los supervivientes del  accidente aéreo.

Se trata de una breve novela de intriga de lectura amena y ágil. En el fondo trata de las consecuencias de las decisiones que tomamos, y de cómo las personas realmente no somos absolutamente malas o buenas, inocentes o culpables, sino que somos capaces de hacer lo mejor y lo peor en circunstancias terribles. Me ha gustado mucho y os la recomiendo.

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Faro de punta de Tenlo Chico, isla de Tambo, Poio (Pontevedra).

La pequeña isla de Tambo se encuentra al fondo de la ría de Pontevedra, situada más o menos enfrente a Combarro (una visita muy recomendable) y Marín. La isla fue desde los años 40 del siglo XX y hasta 2002 propiedad militar. Actualmente está en trámites para que el Concello de Poio se haga cargo de ella y se puedan permitir las visitas, que por el momento están restringidas. En la isla existen restos de un asentamiento de la Edad de Hierro, así como de un monasterio de la Edad Media.

En la parte sur de Tambo, en una pequeña península que vista desde Marín más parece otra isla, se levanta el faro de Tenlo Chico. El edificio, que mide 17 metros de altura, es una esbelta torre cilíndrica de sillería con una base troncocónica (o cono truncado) más ancha. Lo rodea una escalera exterior en forma de hélice. Su luz, blanca, se eleva 35 metros sobre el nivel del mar y tiene un alcance de 11 millas.

El faro de Tenlo Chico fue incluido en el plan de balizamiento de 1916 y comenzó a funcionar en 1922. En la actualidad depende de la Autoridad Portuaria de Marín. Para poder fotografiarlo nos acercamos al puerto deportivo de Marín, detrás de la Escuela Naval. Es un paseo muy agradable, el lugar está cuidado y tiene un pequeño parque infantil con tirolina.

“Valerosas 1. Mujeres que sólo hacen lo que ellas quieren.”, Pénélope Bagieu.

En la actualidad, afortunadamente, el papel de las mujeres en la ciencia, el deporte, el arte y la sociedad en general está recibiendo una inusitada atención que ha llevado, entre otras cosas, a echar la vista atrás y recuperar las biografías de muchas féminas injustamente olvidadas.

Entre las muchas publicaciones sobre el tema, hoy traigo al blog este cómic para adultos de la autora parisina Pénélope Bagieu, recomendado por mi amiga Inés. En él podemos conocer la historia de 15 mujeres que en su época y por diversos motivos rompieron moldes. De ellas, debo reconocer que sólo conocía a 3 y así por encima, así que he podido descubrir un montón de historias fascinantes. Entre ellas la de la italiana Giorgina Reid, la guardiana de faros. Se marchó muy joven a EE.UU., donde estudió diseño textil. Cuando se casó, ella y su marido compraron una casita al lado del mar en Rocky Point (Long Island – Nueva York); pero pronto descubrieron que los temporales que azotaban la costa estaban erosionándola, y en pocos años muchas casas acabarían en el océano. Y no sólo las casas, si no también el faro de Montauk, construido en tiempos de George Washington. Las autoridades decidieron que, por su alto coste de mantenimiento y su antigüedad, no merecía la pena mantenerlo, así que lo abandonan a su suerte. Pero Giorgina, con la ayuda de su marido y de muchos voluntarios de Rocky Point, trabajaron durante 15 años reformando el acantilado con un ingenioso sistema japonés de bancales. Quince años. Todos los domingos. Y salvaron el faro. Giorgina se sintió inmensamente feliz, y recibió en vida numerosos reconocimientos, como por ejemplo ver cómo le ponían su nombre a una de las salas del museo en que se reconvirtió el faro. Desde 2012 el edificio es Monumento Histórico Nacional, aunque Giorgina, que falleció en 2001 con 92 años, ya no pudo verlo.

Espero que hayáis disfrutado de esta historia y os animo a leer las demás, igual de interesantes.

 

Nueva sección en el blog: visitando faros gallegos y algo más.

Hoy he publicado en el blog una nueva pestaña en el menú inicial. La he estado preparando durante varias semanas desde que un par de lectores me comentaron que planeaban un viaje por Galicia para visitar faros pero que, de paso, buscaban recomendaciones de “algo más“. Eses “algo más“, muy personales desde luego, los he ido juntando y enriqueciendo con las respuestas que les di a estas personas, y hoy las quiero compartir con quien pueda interesarle con la intención de ir añadiendo información y completándolas en el futuro. Como podéis ver en la imagen de abajo, esa pestaña está situada donde marca la flecha:


Espero que os sirva de ayuda, al menos como una pequeña referencia para empezar a planear vuestro viaje. Cualquier mejora y aportación serán bienvenidas. ¡Que lo disfrutéis!

Aprobadas las concesiones para explotar los faros de Corrubedo y punta Ínsua.

Pues sí, hace escasos días apareció en prensa la noticia de que la Autoridad Portuaria de Vilagarcía aprobó las concesiones para explotar turísticamente ambos faros. En el caso de Corrubedo, el adjudicatario prevé montar un hotel de 11 habitaciones, un restaurante y una cafetería, aprovechando los edificios anexos al faro, que serían restaurados respetando al máximo (dice él) su construcción original. En el de Ínsua la previsión es que el hotel tenga 10 habitaciones, además de un bar en un edificio anexo. Ambas concesiones son por 25 años.

Podéis leer las noticias en La Voz de Galicia y en Finanzas. La prensa parece que valora de forma positiva la explotación privada de estos bienes públicos; se apoyan en el hecho de que los edificios sufren un deterioro importante debido a la falta de mantenimiento y reparaciones. Pero también habría que saber si existe la posibilidad de que se destinen a uso público por parte del Concello, la Xunta o alguna otra entidad que asuman junto con Puertos del Estado, Fomento o Autoridades Portuarias dichos gastos. Muchas asociaciones de vecinos han reclamado el uso de los faros en beneficio de todos, no solo de quienes pueden pagar para su disfrute. Los, ribadenses, por ejemplo, siguen peleando por recuperar su faro (noticias recientes en el blog Ribadeando, por ejemplo). Ya comenté en entradas anteriores que soy partidaria de su uso público (como centro cívico, museo, centro de interpretación, ¡biblioteca!, aula de la naturaleza…). Hay por ejemplo muchísimo material relacionado con el mundo de los faros que no se da a conocer por falta de un local donde exponerlo (con la honrosa excepción del faro de cabo Vilán), tanto material técnico o piezas en desuso como libros de registro que antiguamente llevaban los fareros, y que tristemente se pudren sin que nadie los pueda disfrutar. En fin, ideas mías que me vienen a la cabeza con este tipo de noticias. ¿Estas empresas concesionarias cuidarán de nuestros faros? Esperemos que sí. ¿Podían nuestros faros estar bien conservados y además ser para todos? Yo creo que también.

“El faro”, de P. D. James.

Estupenda novela policíaca que me ha hecho volver a la escritora inglesa P. D. James después de haber leído hace años Mortaja para un ruiseñor, otra investigación del comandante y poeta de éxito Adam Dalgliesh. En esta ocasión, el detective y su equipo deberán desplazarse a la ficticia isla de Combe, en la costa de Cornualles; dicha isla, propiedad de la familia Holcombe desde el s. XVI, funciona como lugar de descanso y aislamiento para personas adineradas y con grandes responsabilidades profesionales: políticos, altos mandos del ejército, científicos de prestigio, grandes artistas, etc. Uno de sus ilustres visitantes aparece ahorcado, colgado de la barandilla en lo alto del faro de la isla. Dicho faro ya no está en funcionamiento, otro más moderno ha usurpado sus funciones. Pero su edificio blanco y su linterna roja atraen a diario a los paseantes; encierra además una terrible historia acaecida durante la Segunda Guerra Mundial que iremos descubriendo a lo largo de las páginas del libro. Finalmente, el desenlace de la investigación nos llevará de nuevo hasta su torre.

El faro es el penúltimo libro de la saga de este detective, formada por catorce títulos. Tanto el protagonista como sus subordinados han ido mostrándose y evolucionando a lo largo de todos ellos, y, aunque pueden leerse de forma independiente, hay pequeñas historias y detalles que se pierden si no sigues el orden. Me ha ocurrido a mí, que sólo había leído el cuarto libro; no obstante he disfrutado muchísimo con su lectura, con la descripción tan sencilla como profunda que hace P. D. James de los personajes y del ambiente cerrado y cada vez más asfixiante de la isla. Una lectura muy muy recomendable.

Faro de la isla de Ons (Bueu).

Por fin, tras dos intentos frustrados, ¡a la tercera fue la vencida! y conseguí embarcarme y realizar mi ansiado viaje a la isla de Ons. Aunque las horas no me llegaron para visitar todos los rincones que tenía planeado, preferí disfrutar también del relax de sus playas y no andar corriendo por la isla de norte a sur. Es una excursión muy apetecible y espero repetirla.

Hay varias empresas y puertos para llegar en barco hasta allí, buscad en internet la que os quede más cerca. Al igual que ocurre con las Cíes, no hacen rutas todo el año: sólo en verano, Semana Santa y pare usted de contar. Lo cual no me parece mal, oiga, hay que controlar la cantidad de turistas dado que estamos hablando de un Parque Nacional, el de as Illas Atlánticas. Luego que no pase lo del verano de 2017, cuando varios barcos tuvieron que dar la vuelta sin poder desembarcar a su pasaje por haber vendido por encima del máximo permitido.

Camino de Ons, vista de las Cíes.

En mi caso particular salimos del puerto de Vigo. El trayecto fue bastante largo, pensad que llegamos hasta las Cíes y tuvimos que continuar otro tanto hacia el norte. Mucha gente no lo llevó bien, porque además nos encontramos con el océano algo revuelto y el barco se movía bastante. Afortunadamente no soy de las que se marean en el mar ¡será por lo salada que soy! y disfruté mucho de las vistas y de poder fotografiar desde el agua los faros que salpican a Costa da Vela.

El turismo en Ons está bien organizado, y de una forma muy similar a las Cíes: en cuanto desembarcas hay una caseta de información donde puedes descubrir, si no lo llevas ya planeado de casa, las rutas que te permitirán conocer la isla. Hay restaurantes, un cámping, un Centro de Visitantes con una exposición sobre la historia de la isla, una pequeña iglesia, playas, miradores, zonas de descanso con mesas y bancos… En fin, os enlazo aquí toda la información y me centro así en lo que de verdad nos interesa, el faro de Ons.

La isla de Ons, junto con la pequeña isla de Onza, forma una barrera natural en la entrada de la ría de Pontevedra. Ons dispone de abundante agua potable, y por ello está habitada desde tiempos prehistóricos (demostrado por los restos de castros y mámoas). El origen de su faro está en el Plan General de Alumbrado Marítimo de 1847, pero como se consideraba de menor rango que otros se fue posponiendo su proyecto hasta que en 1860 se le encargó a don José Elduayen Gorriti, quien señalaba que la entrada a la ría de Pontevedra era de las últimas en ser iluminada. Redactó un proyecto de construcción que fue duramente criticado por sus reducidas dimensiones; como faro de quinto orden Elduayen contaba con el servicio de un torrero, pero las condiciones de vida en la isla, especialmente en invierno, exigían la presencia de dos personas. Incluso los propios isleños marchaban a tierra firme cuando llegaban los peores temporales. El ingeniero don Ángel García del Hoyo cambió la planta cuadrada original por otra rectangular y sacó la torre al exterior del edificio para ganar más espacio. Así se consiguieron habitaciones y cocinas para dos empleados, y en 1864 comenzaron las obras en el punto más elevado de la isla, o alto do Cucorno. El faro se encendió el 15 de abril de 1865. Tenía una lámpara de iluminación de aceite de oliva, con luz blanca que alcanzaba las 12 millas y se elevaba a 128 m sobre el nivel del mar. En 1878 se cambió por una Maris de petróleo.

A principios del siglo XX se vio la necesidad de que el faro aumentara significativamente su alcance, y se cambió el aparato de alumbrado por otro de la casa Sautter. Pero como la cosa no mejoró demasiado se acometió una reforma de mayor envergadura: construir un edifico idéntico al original y situado a 10 m y unir ambos mediante una galería desde la cual se accedería al faro. Arreglaron suelos, paredes y ventanas y consiguieron dotar al personal de viviendas y espacios más que dignos. La torre del faro hubo de demolerse y levantarse de nuevo para poder soportar el peso de la nueva linterna. Las obras comenzaron en el verano de 1916 y duraron nada menos que diez años, debido a la necesidad de expropiar terrenos al dueño de la isla, el señor marqués don Fernando Quiñones de León, y a los aumentos de precios provocados por la guerra en Europa. El 4 de julio de 1926 el nuevo faro, con una nueva torre de 12 m de altura, entró en funcionamiento, y tanto el edificio como el torreón octogonal brillaban con sus azulejos blancos. O así lo imagino yo…

En 1990 se instalaron unos paneles solares para dotarlo de energía fotovoltaica. Su luz es blanca, está a 127 m de altura sobre el nivel del mar y tiene un alcance de 25 millas náuticas. El faro en la actualidad está automatizado.

En fin, en las fotos podéis apreciar los maravillosos paisajes de este pequeño paraíso. Desde luego por su faro y por mucho más vale la pena hacer una e incluso más excursiones a Ons. Espero volver allí otro verano a visitar el famoso Buraco do Inferno, entre otros rincones, y quizás probar su famoso glámping ¡que tiene una pinta estupenda!

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