“El faro” de Robert Eggers.


Hace unos días fui al estreno de esta inquietante película de Robert Eggers con Willem Dafoe y Robert Pattinson. ¡Cómo perdérmela! La historia está ambientada a finales del siglo XIX en una minúscula isla del Atlántico estadounidense cercana a Canadá. Los actores dan vida a los dos fareros que llegan allí para sustituir a la brigada actual durante cuatro semanas. Es la primera vez que trabajan juntos, uno es un veterano marino retirado y para el otro éste es su primer destino. Mientras van pasando los días vemos cómo evoluciona la relación entre ambos en medio de un clima infernal, un trabajo durísimo, la escasez de víveres, unas instalaciones en no muy buen estado y la frágil salud emocional de los dos hombres. Pattinson debe encargarse de las peores y más penosas tareas, y su único deseo es subir a la linterna y atender la luz; pero Dafoe se apropia de esta labor en exclusiva, y de hecho le vemos mantener una perturbadora relación con el fanal. Una tormenta que alarga su encierro más tiempo del previsto, el mar golpeando la isla furioso, las gaviotas chillando sin descanso y el sonido taladrante de la sirena de niebla acaban con su equilibrio mental y también con el nuestro.

Lo primero que debo decir es que no es apta para todos los públicos, ni siquiera para cualquier adulto. Es angustiosa, dura, llena de diálogos y escenas inquietantes, con detalles íntimos e incluso algo soeces. Pero desde luego es realista a pesar de algunas escenas donde no sabemos si el protagonista sueña o alucina, con referencias a mitos clásicos. Realista en el sentido de que refleja, creo que con fidelidad, las penalidades que debieron sufrir los primeros fareros y la angustia y la desesperación del aislamiento obligado. Está rodada en blanco y negro y el ancho de pantalla es más estrecho del que vemos en la actualidad, lo cual creo que ayuda a sentir la claustrofobia de los personajes. Los actores hacen un trabajo admirable y tremendo, me lo esperaba de Willem Dafoe, pero Pattinson me ha impresionado muy favorablemente. Si os gustan las películas de terror psicológico no os perdáis ésta.

Faro de Estaca de Bares (Mañón).

Como se suele decir que hay que iniciar las cosas con buen pie y que lo que bien empieza bien acaba, no vamos a tentar a la fortuna y comencemos 2020 por todo lo alto visitando uno de los monstruos de la costa gallega: el faro de Estaca de Bares. Tiene el honor de ser el primer faro que se encendió en Galicia (y también uno de los primeros de España) tras la puesta en marcha del Plan General de Alumbrado Marítimo de 1847.

A pesar de ser un faro mítico, una leyenda entre los faros, una visita obligada para cualquier amante de los mismos y destino inexcusable en cualquier viaje a Galicia, he tenido que intentar visitarlo hasta tres veces para conseguir recorrer su entorno y fotografiarlo a mi gusto. No es precisamente un lugar apacible, y los temporales, el viento y la lluvia no le dan descanso, así que mis dos primeras visitas terminaron en un gran chasco. Por otro lado llegar hasta allí es sencillo, el lugar está perfectamente señalizado, al norte de una alargada lengua de tierra que, se dice, separa el océano Atlántico del mar Cantábrico (aunque debo añadir ¿quién le pone límites al mar?).

Pues efectivamente hay quien se los pone, y dado que leí que este honor de frontera marítima se lo disputa con encono a cabo Ortegal, para aclarar el tema, y como me tomo muy en serio lo de preguntar a quien más sabe de las cosas, consulté primero con el Instituto Geográfico Nacional (quienes me contestaron de forma rápida, completa y razonada, además de con un texto inspirado e incluso algo poético ¡bravo por ellos!) y la Real Sociedad Geográfica (de quien sigo esperando respuesta tres meses después); y para rematar el asunto, gracias a un informador lleno de recursos accedí a un documento de la IHO (la Organización Hidrográfica Internacional) de 1953, que sigue en vigor y que delimita océanos y mares. Y debo deciros que, tras mi exhaustiva investigación, y a pesar de que no hay un criterio claro ni exacto ni tampoco nadie que sea una autoridad absoluta a quien todos deban respeto, he concluido que el mar Cantábrico comienza en Cabo Ortegal. Gracias a ambos contrincantes por haber participado en tan reñida contienda.

En fin, pelillos a la mar y vamos a lo realmente interesante, que es este señor faro y su historia. El cabo de Estaca de Bares ha sido una referencia visual importantísima para la navegación desde al menos la Edad Media. Esto, unido al hecho de ser el punto más septentrional de la Península, hicieron inevitable la decisión de construir aquí, igual que en Fisterra, un faro de primer orden. El proyecto fue encargado en 1849 al ingeniero Félix Uhagón, quien también construyó pocos años después el faro de Machichaco (Vizcaya). El diseño de Uhagón fue copiado con pocas variaciones en muchos faros gallegos, como por ejemplo en Fisterra, Prior, Sisargas e incluso Vilán.

Las obras comenzaron en diciembre de 1849 (en plena estación de temporales, a quién se le ocurre) bajo la dirección de don Celedonio de Uribe, y acabaron unos seis meses después. A pesar de que ya el terreno donde se iba a levantar el edificio es muy elevado (unos 94 metros sobre el nivel del mar), Félix Uhagón planeó una gran torre octogonal de casi 11 metros encajada en un edificio rectangular donde se alojarían los tres torreros.

Para subir a la linterna se instaló en el interior de la torre una escalera de fundición de Sargadelos, además de otra escalera, de mano, para poder acceder también desde la azotea de la vivienda. La linterna original tenía doce bastidores y estaba coronada por un cupulín de cobre.

El faro, con una lámpara Sautter de aceite de oliva y un aparato Fresnel de la casa Létourneau, fue encendido el 1 de septiembre de 1850; su luz blanca giratoria tenía un alcance de 20 millas y se elevaba a 335 pies (unos 102 metros) sobre el nivel del mar. El aceite de oliva se sustituyó más tarde por la parafina para mejorar su alcance, y en 1905 se cambió la lámpara por otra de vapor de petróleo. Y en 1964, bien cumplidos ya los cien años de funcionamiento, el faro de Estaca de Bares fue electrificado.

Semáforo de Bares

Un plan nacional de 1880 para instalar estaciones electro-semafóricas propuso instalar un semáforo en Estaca de Bares: un servicio destinado a comunicar avisos y recibir mensajes de los barcos usando un juego de banderas izadas a un gran mástil, utilizando para ello un lenguaje marítimo universal: el Código Internacional de Señales. El primero en Galicia fue el de Fisterra, inaugurado en 1883. El semáforo de Bares se emplazó en el monte Facho Maeda, a dos km al este del faro, donde se cree que antiguamente se encendían fuegos para orientar a los barcos. Del proyecto se encargó el ingeniero Adolfo Pequeño (quien intervino en la construcción del actual faro de Vilán y es autor del primer faro de Touriñán) y se inauguró el 1 de enero de 1887; así, pues, hoy está de cumpleaños: 133 añitos. Es un edificio muy bonito, desde mi punto de vista, con una torre de observación hexagonal de sillería y el resto del edificio pintado originalmente de blanco (ahora es rosita). El Ministerio de Marina fue quien pagó las obras, y por ello se colocó su escudo en la fachada. También se le añadió un servicio telegráfico y una estación meteorológica.

Terraza del Semáforo de Bares

Como pequeña curiosidad quería comentar que se establecieron unas tasas oficiales para su uso: 2 pesetas por cada despacho intercambiado entre semáforo y barco (independientemente del número de palabras, estupendo para los más charlatanes) y 0,25 pesetas por cada aviso con banderas que no excedieran de quince palabras y que sólo notificasen entrada a puerto o paso por el semáforo, ideal para marinos más reservados.

Faro de Bares visto desde el Semáforo

Tristemente el servicio cayó en desuso y el edificio se abandonó, hasta que en 2002 fue rehabilitado con bastante gusto como hotel y cafetería. Un lugar con mucho atractivo por las vistas espectaculares y privilegiadas que tiene. Nosotras lo visitamos antes de llegar al faro, que se divisa perfectamente desde allí. Algún día pasaré en él una noche inolvidable.

Vistas hacia cabo Ortegal

Continuando con el faro, en 1948 se le instaló una nueva maquinaria de relojería que cambió la apariencia de su luz al aumentar la velocidad de rotación. Pero el cambio más importante llegó muy poco después, cuando gracias al proyecto de Carlos Alcón (redactado en 1949) se sustituyeron la linterna, la óptica y la máquina de rotación (lo que obligó a construir un nuevo torreón que soportase su peso), además de ampliar el edificio añadiéndole dos cuerpos de dos plantas en forma de L destinados a vivienda del personal, dejando el edificio original para sala de máquinas, taller, despachos, etc. La nueva y bellísima linterna, totalmente acristalada para así funcionar como balizamiento aéreo, se colocó en 1964, según indica su veleta. Y nos cuenta Jesús Ángel Sánchez García que, aunque resulte increíble, de forma implacable, despiadada e irreflexiva la antigua óptica fue destruida arrojándola sin contemplaciones desde lo alto del torreón. Duele sólo de pensarlo.

El faro depende desde 1993 de la Autoridad Portuaria de Ferrol-San Cibrao, que fue cuando se le instaló un nuevo equipo luminoso de La Maquinista Valenciana y quedó monitorizado desde el puerto de Ferrol. Su luz es blanca y su alcance actual es de 25 millas. Todo un señor faro que recibe visitas de forma constante, por su historia, por su belleza, por su excepcional ubicación, por los acantilados que lo rodean. Fijaos en la foto inferior, la saqué ya muy cerca del mar, y el faro se adivina chiquitito allá arriba.

Valieron la pena los tres viajes que hice. Si vais a venir a al norte de Galicia no dudéis en visitar Punta Socastro, Estaca de Bares y cabo Ortegal. Bueno, en realidad hay tanto que ver en estos 180 km de costa desde Ribadeo hasta Cedeira que me siento muy afortunada de poder visitarla casi cuando quiera.

Os Aguillóns (cabo Ortegal) vistos desde Estaca de Bares.

¡Feliz 2020!

¡Felices Fiestas y feliz 2020!

Pues lo dicho, que os deseo lo mejor para estos días y para el año que en nada comienza. Yo hoy he tenido la suerte de celebrar mi cumpleaños en familia, un día que siempre me ha parecido especialmente bonito: me despierto con las voces de los niños de San Ildefonso, y casi todo el mundo está con esa euforia de poder festejar que o te ha tocado el gordo o una pedrea o que por lo menos seguimos con salud. El día de hoy, para mí, comienza la Navidad de verdad. Ojalá que todos podáis disfrutarla a vuestro gusto y con quien más queréis. Un abrazo muy gordo desde Galicia.

Precioso anuncio navideño protagonizado por una auténtica farera.

Una amiga me ha sorprendido enviándome el anuncio de Navidad de Abanca, protagonizado por Elena Aramendia, una de las últimas fareras que quedan en Galicia, en concreto en San Cibrao (uno de mis lugares favoritos en Galicia). Espero que os guste tanto como a mí.

Octavo cumpleaños del blog.

Pues casi sin darme cuenta han pasado ocho años desde la fecha en que abrí el blog y publiqué la primera entrada. Desde entonces hasta hoy se han sumado 233 artículos más en los que he escrito sobre faros, fareros, libros, películas, arte y otros viajeros amantes de los faros. Haciendo un repaso de los más antiguos me he puesto un poco nostálgica, y me leía además con ojo crítico reparando en lo ingenua que era en aquel entonces. Con ayuda de los amigos que he ido haciendo por el camino he aprendido mucho sobre faros, y, aprovechando que he vuelto a muchos lugares y tenía más y mejores fotografías, estas últimas semanas he actualizado algunos artículos donde las imágenes no tenían mucha calidad y echaba en falta un poco más de historia documentada. Sin embargo decidí dejar como estaban mis comentarios más personales, creo que no debo cambiarlos aunque hoy me parezcan desfasados, cursis o algo simples; no siempre he sido como soy ahora y no sólo no pasa nada, si no que espero seguir cambiando.

Y como este último año las alegrías que el blog me ha traído han sido tan pero tan increíbles, para celebrarlo y daros las gracias por seguirme leyendo se me ha ocurrido mostraros algo que no suelo compartir, de lo que me guardo para mí y casi nunca publico, esas fotos más personales que también hago cuando visito un faro. Suelo salir en pocas, la verdad, casi siempre estoy detrás de la cámara, así que me ha costado un poco reunirlas porque además quería que fueran especiales por algo más que por estar sacadas cerca de un faro. Todas ellas traen una historia curiosa, un viaje maravilloso o una persona especial (y a veces incluso, en mágico equilibrio, las tres cosas a la vez), y por eso se me ve tan feliz en ellas. Espero que os gusten y que de aquí a ocho años pueda publicar unas cuantas más.

Y un pensamiento para despedirme: si crees en algo, si de verdad te gusta, ve a por ello.

¡Millones de gracias!

“Faros del mar Cantábrico” y “Faros de Asturias”, libros de Félix González Muñiz.

Mis amigos personales y también los digitales me escriben cuando encuentran cualquier tema relacionado con los faros. Esta es una de las cosas maravillosas e impagables que el blog me ha traído, tanta gente que piensa en mí cuando ve un faro en sus paseos, en la cubierta de un libro o donde sea: “Me acordé de ti el otro día cuando…

Así que hoy puedo compartir estos dos estupendos libros de Félix González Muñiz. Trae unas fotografías muy bonitas sobre faros de Galicia, Asturias, Cantabria, Euskadi y Francia, y me impresionan porque muchas de ellas nos ofrecen un punto de vista muy difícil de obtener para un viajero normal: desde el mar o desde el aire. Podemos ver así el faro integrado en su entorno, de una manera tal que sería imposible disfrutar de otra manera. Me han gustado especialmente estas dos de abajo; son de San Esteban de Pravia y de Cudillero, ambas en Asturias. Podéis curiosear en su página web estas y otras fotografías y comprar los libros si os gustan.

De verdad, de verdad, que me veo paseando por ahí…

 

Faro Rubjerg Knude, Dinamarca.

En febrero de 2014 escribí en el blog sobre el faro Rubjerg Knude, en Dinamarca; cuando se construyó, en 1899, estaba situado a 60 metros sobre el nivel del mar. Poco a poco la arena lo fue cubriendo hasta que en 1968 quedó fuera de servicio porque su luz ya no era visible. Así estaba en aquel momento:

Increíble, ¿verdad? Pues estos días, casi seis años después, me envía mi hermana Paula una noticia que se publicó en periódicos y apareció en televisión, donde se informa de que el faro ha tenido que ser trasladado tierra adentro para evitar que el mar se lo trague. Para ello han utilizado una especie de vías o rieles que permitieron deslizarlo hasta su nueva ubicación. Comparto una foto de Hans Ravn publicada en el periódico danés Berlingske:


De verdad que el ser humano es capaz de ingeniar las cosas más increíbles, por muy imposible que parezcan. Me alegro mucho por el faro.