Enciclopedia en la Biblioteca de Galicia.

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En una visita a la Cidade da Cultura (un sitio con más vida del que yo imaginaba) (está ubicado en el monte Gaiás, en Santiago de Compostela), me encontré esta magnífica enciclopedia en las estanterías de la Biblioteca de Galicia. Se trata del “Diccionario Xeográfico Ilustrado de Galicia“, una obra sobre los municipios gallegos (geografía, historia, población, etc), que fue distribuido en el año 2009 con dos periódicos gallegos.

Y, como veis en la foto, con una ilustración maravillosa en su lomo. Gracias a María José por su inestimable búsqueda bibliográfica.

Señalización del dique de abrigo de Castiñeiras (Riveira).

MUELLE DE CASTIÑEIRAS

Hoy os voy a hablar de un lugar que me enamoró en cuanto lo vi. Es un pequeño pueblecito de pescadores que, a primera vista, se parece a tantos otros de la ría de Arousa. Pero, al acercarme a su muelle para fotografiar la señalización que se encuentra allí, me encontré con unos niños jugando a saltar al agua desde su rampa. Se les veía tan y tan felices que en seguida me recordaron a mí misma con 9 o 10 años haciendo exactamente lo mismo: jugar despreocupadamente, pasarme horas en el agua con mis hermanas hasta que la piel se nos arrugaba, tirándonos desde las rocas a ver quién se atrevía a hacerlo desde mayor altura… Y es que nosotras pasábamos nuestros veranos muy cerca de allí. En fin, que Castiñeiras me pareció un lugar muy agradable donde descansar tranquilamente y no demasiado explotado por la urbanización salvaje y de dudoso gusto de otros lugares.

Como veis en la foto de abajo, la torre es cilíndrica y está pintada en rojo y blanco. Mide 6 m de altura. Su luz es roja y alcanza las 3 MN.

Dique de abrigo

Los faros abandonados más bellos del mundo, en el blog de Michael John Grist.

rubjerg_knudeBuscando información sobre un interesante faro sitiado por la arena, el de Rubjerg-Knude (en Dinamarca, foto de la izquierda), tropecé con un artículo fascinante sobre faros abandonados, donde el autor, Michael John Grist, seleccionó los 10 que más hermosos le parecieron. Están repartidos por todo el mundo, y realmente las fotografías provocan un sentimiento de inquietud y desasosiego. Personalmente, los que a mí me resultaron más fascinantes, a la par que perturbadores, son el faro Aniva (en la isla rusa de Sakhalin) y el de Fish Point Fluke (en Canadá).

Podéis leer aquí el artículo completo y disfrutar de las historias e imágenes de todos ellos. Espero que os gusten.

“El faro del fin del mundo”, de Julio Verne.

el-faro-del-fin-del-mundo-de-julio-verneUno de mis libros favoritos de toda la vida ha sido, es y será “Un capitán de quince años“, de Julio Verne. Aquel viaje a Sudamérica, truncado de forma premeditada y despreciable, y la sorpresa e incredulidad de los viajeros, guiados por un chiquillo, por tierras que no responden a lo esperado, todavía me pone los pelos de punta. Julio Verne plasmó en sus libros las aventuras que deseaba vivir con todo su corazón, y que, sin embargo, sólo pudo imaginar atrapado en una vida burguesa e insatisfactoria. Su hermano menor, Paul, fue quien pudo cumplir el sueño de ambos de ser marinero, y se convirtió en su gran consejero e inspirador. Este anhelo fue inculcado quizás por una extravagante institutriz a quien su marido, capitán de barco, abandonó y a quien ella imaginaba viajando por el mundo y viviendo peligrosas aventuras que le impedían regresar a casa. Julio incluso huyó e intentó enrolarse como grumete a los 11 años, pero fue pillado por su padre y su aventura se vio frustrada. Con casi 50 años pudo al fin, con las ganancias de sus libros, hacerse con un gran velero que le permitió realizar viajes por el Mediterráneo, una fuente de inspiración y de paz para su espíritu.

El Faro del Fin del Mundo” es una de sus últimas novelas, publicada el mismo año en que su autor falleció, 1905, pero quizá escrita un par de años antes. Es diferente a otras historias más conocidas, más realista quizás. No habla de esos inventos científicos tan avanzados para su época que le hicieron tan popular y tampoco hay un gran viaje.

Arranca la historia con la inauguración del faro, en 1859, donde viven tres torreros, en la imaginaria bahía de Elgor, en la Isla de los Estados, la Tierra del Fuego argentina. Les esperan por delante tres meses de verano, hasta que llegue el relevo. El territorio es árido, el clima terrible, las condiciones de vida penosas. Pero el faro es muy necesario, se encuentra allí donde se juntan el Pacífico y el Atlántico y va a prestar un servicio precioso. Julio Verne es exhaustivo y dedica un capítulo entero a describir la isla y el faro, así como su funcionamiento con todo lujo de detalles: altura de la torre, alcance, construcción del edificio, funcionamiento de la linterna, aparato dióptrico, etcétera. En fin, que los tres fareros se prometen una vida tranquila aunque de duro trabajo, eso sí; lo que no saben es que en el otro extremo de la isla se encuentra escondida una banda de sanguinarios piratas que quedaron atrapados allí tras perder su barco, y que están tremendamente ansiosos por huir de allí a cualquier precio…

Una clásica novela de aventuras donde la amistad, la importancia del trabajo bien hecho y el amor a la patria eran aún valores importantes.

Boya número 1, Camelle.

Puerto de Camelle
Con este curioso nombre, Boya nº1, conocemos la señalización de hoy. Está frente al puerto de Camelle y es bien visible desde su dique de abrigo, desde donde saqué buenas fotos. Ya os conté lo complicado que es recorrer el dique cuando escribí sobre la señal que se encuentra en su final. Pero una vez allí me hinché a sacar fotos.

Boya CamelleComo véis, tiene un precioso color verde, igual que su luz, que alcanza las 5 MN.
Boya nº1 de cerca
Y con esta señal damos por concluido nuestro paseo por el bonito pueblo de Camelle. ¡Espero que lo hayáis disfrutado!

El duro oficio del farero: la vida en el faro.

Seguimos hoy hablando sobre los fareros. Mientras que en Francia los torreros tenían prohibido que sus familias vivieran con ellos, en teoría para evitar disputas, en España siempre se entendió que era mejor que residieran todos juntos. Incluso los ingenieros cuidaban el diseño de los faros pensando en la comodidad de la prole. Tenían la teoría de que un farero con una vida familiar rutinaria y estable garantizaba que sería estricto y cumplidor en su trabajo.

Leo una anécdota a este respecto en el informe de un inspector, que visitó varios faros en 1858, y se escandalizó ante la licenciosa vida de los tres torreros de Fisterra. En su informe dio más detalles: antes de entrar en el cuerpo de fareros, uno de ellos no tenía oficio ni beneficio, otro era sastre y el tercero músico. Todos eran solteros, pero vivían amancebados con jóvenes del país, incluso del pueblo más cercano. Dichas jóvenes referían entre los vecinos la buena vida que se pegaban en el faro, lo cual minaba la reputación del cuerpo de fareros en general. Esta situación se prolongó unos años, y dado que había frecuentes peleas entre los tres, finalmente fueron trasladados a distintos faros. El inspector aconsejó encarecidamente que no entrasen mujeres en los faros, exceptuando esposas, hijas, madres o hermanas, salvo casos de enfermedad, naturalmente.

Estaba establecido que en los faros de primer y segundo orden habría 3 torreros, y en los de tercer y cuarto orden 2. Su trabajo principal era por la noche, y normalmente en dos turnos, de 18 a 24 h y de 24 a 9 h, aproximadamente. Por el día limpiaban el faro y anotaban todos los incidentes mínimamente reseñables. Iban uniformados y disponían por ley de armas de fuego para defender el faro, dado que eran lugares muy estratégicos y por tanto golosos para el enemigo.

En cuanto a los destinos, entre los torreros los calificaban según su dureza (igual que hacían los franceses) en tres grupos: infierno, purgatorio y paraíso. Para poder trabajar en este último grupo debían haber cumplido veinte años de servicio. En Galicia, los peor considerados eran Sisargas, Vilán y Touriñán. En cualquier caso, la vida en el faro no era nada sencilla: largos y oscuros inviernos, viviendas casi siempre aisladas, un trabajo exigente y de gran responsabilidad, del cual dependían vidas humanas; que no entiende de fiestas y apenas dejaba lugar para el ocio, pues si no estaban atendiendo al faro debían cuidar la huerta y de los animales que tenían para su propio consumo. Y en caso de accidente o enfermedad muchas veces era complicadísimo pedir y recibir ayuda médica.

Como véis, una vida nada fácil ni envidiable.

Carteles de la Biblioteca de Estudios Locales de A Coruña.

Esta magnífica colección de carteles en los que aparece la Torre de Hércules fue presentada en su día para apoyar su candidatura a Patrimonio de la Humanidad. Son 270 fotos recopiladas por la Biblioteca de Estudios Locales, de la red de Bibliotecas Municipales de A Coruña, que os enlazo para vuestro disfrute.

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