“El faro del fin del mundo”, de Julio Verne.

el-faro-del-fin-del-mundo-de-julio-verneUno de mis libros favoritos de toda la vida ha sido, es y será “Un capitán de quince años“, de Julio Verne. Aquel viaje a Sudamérica, truncado de forma premeditada y despreciable, y la sorpresa e incredulidad de los viajeros, guiados por un chiquillo, por tierras que no responden a lo esperado, todavía me pone los pelos de punta. Julio Verne plasmó en sus libros las aventuras que deseaba vivir con todo su corazón, y que, sin embargo, sólo pudo imaginar atrapado en una vida burguesa e insatisfactoria. Su hermano menor, Paul, fue quien pudo cumplir el sueño de ambos de ser marinero, y se convirtió en su gran consejero e inspirador. Este anhelo fue inculcado quizás por una extravagante institutriz a quien su marido, capitán de barco, abandonó y a quien ella imaginaba viajando por el mundo y viviendo peligrosas aventuras que le impedían regresar a casa. Julio incluso huyó e intentó enrolarse como grumete a los 11 años, pero fue pillado por su padre y su aventura se vio frustrada. Con casi 50 años pudo al fin, con las ganancias de sus libros, hacerse con un gran velero que le permitió realizar viajes por el Mediterráneo, una fuente de inspiración y de paz para su espíritu.

El Faro del Fin del Mundo” es una de sus últimas novelas, publicada el mismo año en que su autor falleció, 1905, pero quizá escrita un par de años antes. Es diferente a otras historias más conocidas, más realista quizás. No habla de esos inventos científicos tan avanzados para su época que le hicieron tan popular y tampoco hay un gran viaje.

Arranca la historia con la inauguración del faro, en 1859, donde viven tres torreros, en la imaginaria bahía de Elgor, en la Isla de los Estados, la Tierra del Fuego argentina. Les esperan por delante tres meses de verano, hasta que llegue el relevo. El territorio es árido, el clima terrible, las condiciones de vida penosas. Pero el faro es muy necesario, se encuentra allí donde se juntan el Pacífico y el Atlántico y va a prestar un servicio precioso. Julio Verne es exhaustivo y dedica un capítulo entero a describir la isla y el faro, así como su funcionamiento con todo lujo de detalles: altura de la torre, alcance, construcción del edificio, funcionamiento de la linterna, aparato dióptrico, etcétera. En fin, que los tres fareros se prometen una vida tranquila aunque de duro trabajo, eso sí; lo que no saben es que en el otro extremo de la isla se encuentra escondida una banda de sanguinarios piratas que quedaron atrapados allí tras perder su barco, y que están tremendamente ansiosos por huir de allí a cualquier precio…

Una clásica novela de aventuras donde la amistad, la importancia del trabajo bien hecho y el amor a la patria eran aún valores importantes.

Boya número 1, Camelle.

Puerto de Camelle
Con este curioso nombre, Boya nº1, conocemos la señalización de hoy. Está frente al puerto de Camelle y es bien visible desde su dique de abrigo, desde donde saqué buenas fotos. Ya os conté lo complicado que es recorrer el dique cuando escribí sobre la señal que se encuentra en su final. Pero una vez allí me hinché a sacar fotos.

Boya CamelleComo véis, tiene un precioso color verde, igual que su luz, que alcanza las 5 MN.
Boya nº1 de cerca
Y con esta señal damos por concluido nuestro paseo por el bonito pueblo de Camelle. ¡Espero que lo hayáis disfrutado!

El duro oficio del farero: la vida en el faro.

Seguimos hoy hablando sobre los fareros. Mientras que en Francia los torreros tenían prohibido que sus familias vivieran con ellos, en teoría para evitar disputas, en España siempre se entendió que era mejor que residieran todos juntos. Incluso los ingenieros cuidaban el diseño de los faros pensando en la comodidad de la prole. Tenían la teoría de que un farero con una vida familiar rutinaria y estable garantizaba que sería estricto y cumplidor en su trabajo.

Leo una anécdota a este respecto en el informe de un inspector, que visitó varios faros en 1858, y se escandalizó ante la licenciosa vida de los tres torreros de Fisterra. En su informe dio más detalles: antes de entrar en el cuerpo de fareros, uno de ellos no tenía oficio ni beneficio, otro era sastre y el tercero músico. Todos eran solteros, pero vivían amancebados con jóvenes del país, incluso del pueblo más cercano. Dichas jóvenes referían entre los vecinos la buena vida que se pegaban en el faro, lo cual minaba la reputación del cuerpo de fareros en general. Esta situación se prolongó unos años, y dado que había frecuentes peleas entre los tres, finalmente fueron trasladados a distintos faros. El inspector aconsejó encarecidamente que no entrasen mujeres en los faros, exceptuando esposas, hijas, madres o hermanas, salvo casos de enfermedad, naturalmente.

Estaba establecido que en los faros de primer y segundo orden habría 3 torreros, y en los de tercer y cuarto orden 2. Su trabajo principal era por la noche, y normalmente en dos turnos, de 18 a 24 h y de 24 a 9 h, aproximadamente. Por el día limpiaban el faro y anotaban todos los incidentes mínimamente reseñables. Iban uniformados y disponían por ley de armas de fuego para defender el faro, dado que eran lugares muy estratégicos y por tanto golosos para el enemigo.

En cuanto a los destinos, entre los torreros los calificaban según su dureza (igual que hacían los franceses) en tres grupos: infierno, purgatorio y paraíso. Para poder trabajar en este último grupo debían haber cumplido veinte años de servicio. En Galicia, los peor considerados eran Sisargas, Vilán y Touriñán. En cualquier caso, la vida en el faro no era nada sencilla: largos y oscuros inviernos, viviendas casi siempre aisladas, un trabajo exigente y de gran responsabilidad, del cual dependían vidas humanas; que no entiende de fiestas y apenas dejaba lugar para el ocio, pues si no estaban atendiendo al faro debían cuidar la huerta y de los animales que tenían para su propio consumo. Y en caso de accidente o enfermedad muchas veces era complicadísimo pedir y recibir ayuda médica.

Como véis, una vida nada fácil ni envidiable.

Carteles de la Biblioteca de Estudios Locales de A Coruña.

Esta magnífica colección de carteles en los que aparece la Torre de Hércules fue presentada en su día para apoyar su candidatura a Patrimonio de la Humanidad. Son 270 fotos recopiladas por la Biblioteca de Estudios Locales, de la red de Bibliotecas Municipales de A Coruña, que os enlazo para vuestro disfrute.

C-2142

Faro del dique de abrigo del puerto de Camelle.

Seguimos hoy conociendo las señalizaciones existentes en el hermoso pueblo de Camelle, así que nos vamos hasta su espigón. Dejamos atrás la obra de Man, el alemán de Camelle, y caminamos hacia el final del dique. He de avisar aquí que el paseo es extremadamente arduo e incluso diría que peligroso, puesto que el suelo es muy resbaladizo. En las dos ocasiones en que fui, con un año de diferencia entre ambas, pude comprobarlo por mí misma. El mar rompe con fiereza contra las piedras y no es fácil mantenerse en pie. Afortunadamente pude acabar mi camino sin mayores contratiempos, pero con mucho cuidado, eso sí.

Dique de abrigo

Y allí tenemos esta torre cilíndrica y verdiblanca. Mide 8 metros de altura, su luz es verde y alcanza las 3 MN. Desde el final del espigón puede verse además con claridad una boya, sobre la cual escribiré pronto.

Muelle pesquero

Muelle pesquero

En el muelle pesquero, además, se encuentra esta otra señal, una torre troncopiramidal verde de 4 metros de altura. Tiene un alcance de 1 MN y el color de su luz también es verde.

Pronto acabará nuestro paseo por Camelle, para continuar rumbo a la hermosa villa de Camariñas y a un imponente faro….

Historia del duro oficio del farero: su preparación para el puesto.

Inauguro hoy una nueva y (en mi sincera y objetiva opinión) muy chula categoría en el blog para dar su merecido lugar a los profesionales que se encargan de cuidar y dar buen uso a los faros. Aunque hasta ahora han aparecido por aquí de forma ocasional, desde ahora recopilaré todos los artículos sobre ellos en FAREROS, y hoy vamos a conocer más a fondo su historia.

Tradicionalmente se les denominaba fareros o torreros, pero hoy en día su nombre oficial es “técnicos de sistemas de ayuda a la navegación“. Hay cierta inclinación a admirar su estilo de vida solitario y supuestamente aventurero, yo la primera, pero la realidad es muy distinta.

Los torreros eran un cuerpo de personal estatal, es decir, funcionarios, dependiente de los ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. El Estado organizó su formación a través de las Escuelas Prácticas de Torreros de Faros, siendo la primera de ellas la de la Torre de Hércules, abierta en 1850. Aquí, la dirección fue encomendada a Agustín Antelo, piloto de la Marina Mercante y además relojero y de familia de relojeros, con tienda en la coruñesa calle Real. Redactó un famoso manual, la Cartilla de Antelo, con todas las instrucciones necesarias para el servicio en el faro. Posteriormente se sustituyó por el oficial Reglamento e instrucción para el Servicio de los Faros.

Los estudios duraban un año, e incluían horas de prácticas además de guardias en el faro en grupos de a cuatro. En 1853 esta escuela fue trasladada al faro de Machichaco (Vizcaya); allí funcionó durante diez años antes de establecerse en Madrid, curiosamente (donde sólo podían abarcar la parte teórica, faltaría más), aunque acabó cerrando en 1866, sustituyéndose la formación por un examen de ingreso y unas prácticas.

En 1856 se aprobó un estricto reglamento a observar en estas escuelas, que  exigía, entre otras cosas, los siguientes puntos:Normas de la escuela
Otro día os contaré más historias sobre estos profesionales. Estoy segura de que os engancharán como a mí.

(Información leída en “Faros de Galicia“, publicado por Fundación Caixa Galicia en 2004, con textos de Jesús Ángel Sánchez García)

“Trío Beta: el guardián del faro”, de Roberto Pavanello.

trio betaMi amiga Andrea me prestó este libro porque sabía que me iba a encantar. Muchos niños son fans de las aventuras de Bat Pat y del Trío Beta. Se trata de unos murciélagos con ciertas características humanas (como el habla, la lectura o el gusto por la moda), y que, con la ayuda de unos niños con los que traban amistad, se dedican a resolver misterios a su alrededor. En este libro en particular todo empieza con la desaparición de unos lujosos yates. Mientras lo investigan, se desata una terrible tormenta durante la cual el faro se apaga y el farero desaparece. ¿Estará todo relacionado? ¡Pues quien quiera saberlo que se lea el libro!