“Faros de Galicia” en Radio Coruña.

Este mes de julio ha sido poco productivo en cuanto a visitas a faros se refiere. Y por tanto la escritura de artículos se ha resentido también. Pero, para compensaros un poco, voy a compartir los podcast de unas breves intervenciones que estoy haciendo en Radio Coruña los lunes de verano, para reseñar las excursiones que he ido haciendo estos años por las costas gallegas. Como escucharéis, además de faros también recomiendo otros lugares de interés, incluso alguna fiesta muy marinera. Aquí os dejo los enlaces del mes de julio. ¡Espero que os gusten!

 

“La isla del aire”, Alejandro Palomas.

Alejandro Palomas ha sido todo un descubrimiento para mí a raíz de la lectura de “Un hijo“, obra que recibió en 2016 el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil. La historia me emocionó hasta el punto de que en el mismo instante en que la terminé volví a abrirlo por la primera página para releerlo, y disfrutar de los pequeños detalles que ahora sí comprendía. Después llegó “El secreto de los Hoffman” (de 2008), novela con olor a salitre que yo quise imaginar ambientada en Galicia; y por último “La isla del aire” (novela anterior, de 2005). Quizás éste sea el que menos me gustó de los tres. En ellos, el autor da voz a todos los personajes, en un esfuerzo por que conozcamos la historia y psicología de cada uno. En mi opinión lo consigue exitosamente.

En “La isla del aire” nos encontramos a cinco mujeres de la misma familia (los hombres aquí apenas tienen voz), todas ellas enfermas física o espiritualmente. La abuela decide obligarlas a realizar una pequeña excursión a la cercana isla del Aire en un intento de curar viejas heridas. La isla se encuentra dominada por un faro, una especie de dedo acusador que las obligará a confesarse pecados del pasado (y algunos más cercanos) para intentar seguir adelante con sus vidas.

Quizás no me gustado tanto debido al personaje de la abuela, no acabo de comprender si sus intenciones con la familia son buenas o no, si es egoísta o no ha sabido tomar decisiones de otra forma. Y también me parece difícil conseguir que las personas lleguen a hablar de forma tan profunda, sincera y desgarradora como ellas lo hacen. Pero a pesar de no llegármelo a creer del todo creo que como ficción es muy buena y su lectura me ha enganchado.

Cristina Fernández, farera de cabo Vilán.

Para ponerle la guinda al faro de Vilán, os invito a conocer a una mujer excepcional: Cristina, la farera del lugar. Tiene una apasionante biografía que podéis conocer en este enlace a la web BROADLY (publicación de julio de 2016).

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Foto de Guillermo Cervera.

También me han hecho llegar este increíble vídeo de aquí abajo. Pincháis en la imagen y os lleva a una página de Facebook. No hace falta que tengáis cuenta en esta red social, cuando os diga que para verlo inicies sesión o crees una cuenta, sólo hay que pulsar en “Ahora no”, y ya puedes verlo sin problema, e incluso maximizarlo. Es una publicación de Zoomin TV Italia de septiembre de 2016.

cristina

En La Voz de Galicia también la han entrevistado (con vídeo incluido) en febrero de 2017. Esto me llegó a través de mi amiga Amalia. De nuevo, pinchad en la foto.

Y como Cristina además de agradable, educadísima y un encanto es mediática a más no poder, aquí abajo (también en la foto) podemos leer más sobre ella. Se trata del blog VERNE, del periódico El País, artículo publicado en marzo de 2017, y llegó hasta mí a través de mi amiga Alicia B.

Espero que disfrutéis estos enlaces. ¡Hasta la próxima!

Faro de Cabo Vilán o Villano (segunda parte).

Después de haber conocido hace unos meses la historia del primer faro de Vilán, sumerjámonos ahora en la historia de la construcción del faro actual, el que fue el primer faro eléctrico de España. El proyecto, de los ingenieros Francisco Lizárraga y Adolfo Pequeño, fue aprobado en 1885. La ubicación escogida fue precisamente aquella que se había intentado rebajar, y que si se ve de perfil parece la joroba de algún enorme animal. En dicha planicie no había sitio para el edificio anexo, que se tuvo que construir en un nivel inferior, cuadrado y con un patio central. Unieron ambas construcciones con un túnel cubierto, con escaleras de peldaños de piedra. Otro edificio más albergaría la sala de máquinas, la carbonera, un taller, un almacén y un aljibe. 

Las obras no fueron rodadas, precisamente: tuvieron el inconveniente de que también interrumpían el haz de luz del primer faro, lo cual provocó las quejas de varios capitanes. Y durante su construcción aconteció la terrible tragedia del Serpent, un buque inglés con 175 tripulantes que se hundió el 10 de noviembre de 1890, salvándose sólo 3 hombres. El embajador inglés, entre otros, presentó durísimas quejas por los defectos del faro y la pésima comunicación con Camariñas. Los fallecidos fueron enterrados en el Cementerio de los Ingleses, muy cerca de Cabo Vilán, aunque años más tarde se repatriaron.

Entre el proyecto original y la inauguración hubo varios cambios en las diferentes dimensiones, alcances, presupuestos y máquinas previstas. Finalmente, a día de hoy, la torre del faro, de granito y planta octogonal, mide 25 metros. La altura de la luz sobre el nivel del mar es de 104 metros. Su gran altura es posible gracias al durísimo suelo de granito en el que se apoya. El alcance en sus inicios era ya de 28 MN, el de mayor potencia en España y de los mayores en Europa: se podía llegar a ver la Torre de Hércules sin perder de vista Cabo Vilán. Increíble.

Por fin el faro fue encendido la noche del 15 de enero de 1896. El exigente trabajo que requería obligaba a ser atendido por seis torreros, que luego debieron de aumentar a ocho, nada menos. Debían usar gafas ahumadas para soportar el intenso brillo además de un calor sofocante. Y tenían su propio detallado y complejo reglamento de funcionamiento.

En los diez años siguientes hubo que hacer ya mejoras: reparaciones de desperfectos, mejoras en las viviendas, nueva sala de máquinas, nuevo camino de acceso y una nueva planta en el edificio de torreros, que incluía galería y terraza. Así, el edificio del faro antiguo fue abandonado por completo. En 1925 se le dotó de una nueva sala de máquinas (jubilando las viejas de vapor) y luego se cambió el mecanismo de rotación del faro. En los años 50 se le cambió la linterna por otra completamente acristalada para emitir un sector aéreo. Y finalmente en los 60 entró en funcionamiento la sirena y se reemplazaron la óptica y la linterna. Muchos de estos aparatos se conservan en una de las salas que hay en el interior del faro, como podéis ver aquí abajo. Es el Centro de Interpretación de los Faros y Señales Marítimas.

La última modernidad en Vilán fue un radio-faro, puesto en servicio en 1922. Fue el primero en Galicia junto con el de Finisterre, y respondía a una demanda real de la navegación de altura y la de cabotaje. Según una placa que leí en el museo del faro, sus ondas llegaban a unas 20 millas del puerto de Nueva York, y hubo protestas internacionales por sus interferencias. Este servicio fue mejorando en las siguientes décadas hasta reunir en una sola sala todos los equipos necesarios para su funcionamiento.

En nuestro personal paseo por Vilán, después de bajar de la explanada del faro antiguo y antes de entrar al nuevo decidimos rodearlo para seguir ordenadamente las explicaciones de mi amigo. Por el lado derecho (mirando hacia el mar) se encuentra la caseta de gasoil de los grupos electrógenos de emergencia. Y por el izquierdo, donde termina la barandilla de piedra, una zona en la piedra viva que está más oscurecida. Allí se hacían en verano unas estupendas sardiñadas, cuando mi amigo iba de vacaciones a ver a la familia.

Después de pasear por el exterior del faro entramos en él. Allí pudimos disfrutar de un reconfortante café y visitar la sala de exposiciones, donde más o menos cada mes renuevan la muestra, siempre relacionada con Camariñas, los faros o el mar. Y, por último, un laaargo paseo hasta el famoso Cementerio de los Ingleses.

La carretera no puede tener más baches y socavones; bien es cierto que se puede recorrer caminando, pero son más de 7 km ir y otros tantos volver, no es tan fácil. Pero, como podéis ver por las fotos de arriba, el paisaje bien merece la pena. De hecho debo confesar que hice ese mismo camino tres veces, nada menos. Cabo Vilán bien lo merece.

Fuentes consultadas: información facilitada por un familiar de uno de los antiguos fareros de Vilán. Y la obra: “Faros de Galicia“, de la Fundación Caixa Galicia (con textos de Jesús Ángel Sánchez García, fotografías de José Luis Vázquez-Iglesias y dibujos de José Manuel Yáñez Rodríguez).

Buque balizador “Ramiro Pascual”.

Autor: “El ilustrador de barcos”.

Hoy traigo al blog una historia familiar, entrañable y llena de sentimientos. Es la del buque balizador Ramiro Pascual, un barco a vapor que prestaba servicio a los faros y balizamientos de las rías de Arousa, Pontevedra y Vigo. El barco fue construido en 1933 en Vigo, en los Astilleros Troncoso y Santodomingo, siendo el maestro carpintero de ribera Ramón Martínez Collazo (Vigo 1897-1987).

El Ramiro Pascual estuvo operativo en el distrito marítimo de Pontevedra entre 1934 y finales de los 60; asistía a los faros de Cíes, Ons  y Sálvora, y realizaba el servicio de balizamiento de las rías de Vigo y Pontevedra. Además del relevo de los torreros, les llevaba víveres frescos, correo y prensa, así que, seguramente, verlo aproximarse significaría para ellos una gran alegría.

Fue construido bajo planos de un vapor pesquero, con maderas nobles y una buena proa para defenderse de nuestros temporales. Tenía una eslora de 23,30 metros, 5,90 metros de manga y 2,92 de puntal, pudiendo alcanzar los 11 nudos.

El Ramiro Pascual fue sustituido por el Rías Baixas (barco construido en 1965) y lamentablemente desguazado.

Y si la historia de este buque ha viajado hasta mí es porque su nieta Ana quiso rendirle un cariñoso homenaje, encargando esta maravillosa acuarela que encabeza el post (obra de El ilustrador de barcos). Para ella facilitó esta hermosa fotografía de aquí abajo, realizada por el padre de Ana.

Fotógrafo: Ramón Martínez Nieto, hijo de Ramón Martínez Collazo. Año 1964.

Ana también nos hizo llegar amablemente esta segunda foto de su abuelo (de autor y año desconocidos). Su tía Conchita había identificado a los protagonistas como el propio Ramón Martínez Collazo con Benigno Troncoso. Fue tomada en los Astilleros Troncoso y Santodomingo. Lo único que se sabe es que, como don Benigno falleció en 1936, la foto es anterior a esa fecha.

Como veis, una preciosa historia llena de cariño y afecto. Y, para los que nos gustan los faros, nos descubre otros aspectos ligados a ellos pero más desconocidos, porque vemos cuántas personas intervienen y se implican para que todo funcione como tiene que ser. Muchas gracias a Ana y a su familia por dárnosla a conocer.

Artículo de Guillermo Esaín: “25 secretos fareros”.

Gracias a María Eugenia, (una lectora del blog) que me ha enviado el enlace, he leído este artículo de Guillermo Esaín con 25 curiosidades sobre faros de España (entre ellos algunos gallegos) que posiblemente no sabíais. Espero que lo disfrutéis como he hecho yo. Sólo tenéis que pinchar en la imagen para acceder al texto completo.

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