Faro de punta de Tenlo Chico, isla de Tambo, Poio (Pontevedra).

La pequeña isla de Tambo se encuentra al fondo de la ría de Pontevedra, situada más o menos enfrente a Combarro (una visita muy recomendable) y Marín. La isla fue desde los años 40 del siglo XX y hasta 2002 propiedad militar. Actualmente está en trámites para que el Concello de Poio se haga cargo de ella y se puedan permitir las visitas, que por el momento están restringidas. En la isla existen restos de un asentamiento de la Edad de Hierro, así como de un monasterio de la Edad Media.

En la parte sur de Tambo, en una pequeña península que vista desde Marín más parece otra isla, se levanta el faro de Tenlo Chico. El edificio, que mide 17 metros de altura, es una esbelta torre cilíndrica de sillería con una base troncocónica (o cono truncado) más ancha. Lo rodea una escalera exterior en forma de hélice. Su luz, blanca, se eleva 35 metros sobre el nivel del mar y tiene un alcance de 11 millas.

El faro de Tenlo Chico fue incluido en el plan de balizamiento de 1916 y comenzó a funcionar en 1922. En la actualidad depende de la Autoridad Portuaria de Marín. Para poder fotografiarlo nos acercamos al puerto deportivo de Marín, detrás de la Escuela Naval. Es un paseo muy agradable, el lugar está cuidado y tiene un pequeño parque infantil con tirolina.

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Faro de la isla de Ons (Bueu).

Por fin, tras dos intentos frustrados, ¡a la tercera fue la vencida! y conseguí embarcarme y realizar mi ansiado viaje a la isla de Ons. Aunque las horas no me llegaron para visitar todos los rincones que tenía planeado, preferí disfrutar también del relax de sus playas y no andar corriendo por la isla de norte a sur. Es una excursión muy apetecible y espero repetirla.

Hay varias empresas y puertos para llegar en barco hasta allí, buscad en internet la que os quede más cerca. Al igual que ocurre con las Cíes, no hacen rutas todo el año: sólo en verano, Semana Santa y pare usted de contar. Lo cual no me parece mal, oiga, hay que controlar la cantidad de turistas dado que estamos hablando de un Parque Nacional, el de as Illas Atlánticas. Luego que no pase lo del verano de 2017, cuando varios barcos tuvieron que dar la vuelta sin poder desembarcar a su pasaje por haber vendido por encima del máximo permitido.

Camino de Ons, vista de las Cíes.

En mi caso particular salimos del puerto de Vigo. El trayecto fue bastante largo, pensad que llegamos hasta las Cíes y tuvimos que continuar otro tanto hacia el norte. Mucha gente no lo llevó bien, porque además nos encontramos con el océano algo revuelto y el barco se movía bastante. Afortunadamente no soy de las que se marean en el mar ¡será por lo salada que soy! y disfruté mucho de las vistas y de poder fotografiar desde el agua los faros que salpican a Costa da Vela.

El turismo en Ons está bien organizado, y de una forma muy similar a las Cíes: en cuanto desembarcas hay una caseta de información donde puedes descubrir, si no lo llevas ya planeado de casa, las rutas que te permitirán conocer la isla. Hay restaurantes, un cámping, un Centro de Visitantes con una exposición sobre la historia de la isla, una pequeña iglesia, playas, miradores, zonas de descanso con mesas y bancos… En fin, os enlazo aquí toda la información y me centro así en lo que de verdad nos interesa, el faro de Ons.

La isla de Ons, junto con la pequeña isla de Onza, forma una barrera natural en la entrada de la ría de Pontevedra. Ons dispone de abundante agua potable, y por ello está habitada desde tiempos prehistóricos (demostrado por los restos de castros y mámoas). El origen de su faro está en el Plan General de Alumbrado Marítimo de 1847, pero como se consideraba de menor rango que otros se fue posponiendo su proyecto hasta que en 1860 se le encargó a don José Elduayen Gorriti, quien señalaba que la entrada a la ría de Pontevedra era de las últimas en ser iluminada. Redactó un proyecto de construcción que fue duramente criticado por sus reducidas dimensiones; como faro de quinto orden Elduayen contaba con el servicio de un torrero, pero las condiciones de vida en la isla, especialmente en invierno, exigían la presencia de dos personas. Incluso los propios isleños marchaban a tierra firme cuando llegaban los peores temporales. El ingeniero don Ángel García del Hoyo cambió la planta cuadrada original por otra rectangular y sacó la torre al exterior del edificio para ganar más espacio. Así se consiguieron habitaciones y cocinas para dos empleados, y en 1864 comenzaron las obras en el punto más elevado de la isla, o alto do Cucorno. El faro se encendió el 15 de abril de 1865. Tenía una lámpara de iluminación de aceite de oliva, con luz blanca que alcanzaba las 12 millas y se elevaba a 128 m sobre el nivel del mar. En 1878 se cambió por una Maris de petróleo.

A principios del siglo XX se vio la necesidad de que el faro aumentara significativamente su alcance, y se cambió el aparato de alumbrado por otro de la casa Sautter. Pero como la cosa no mejoró demasiado se acometió una reforma de mayor envergadura: construir un edifico idéntico al original y situado a 10 m y unir ambos mediante una galería desde la cual se accedería al faro. Arreglaron suelos, paredes y ventanas y consiguieron dotar al personal de viviendas y espacios más que dignos. La torre del faro hubo de demolerse y levantarse de nuevo para poder soportar el peso de la nueva linterna. Las obras comenzaron en el verano de 1916 y duraron nada menos que diez años, debido a la necesidad de expropiar terrenos al dueño de la isla, el señor marqués don Fernando Quiñones de León, y a los aumentos de precios provocados por la guerra en Europa. El 4 de julio de 1926 el nuevo faro, con una nueva torre de 12 m de altura, entró en funcionamiento, y tanto el edificio como el torreón octogonal brillaban con sus azulejos blancos. O así lo imagino yo…

En 1990 se instalaron unos paneles solares para dotarlo de energía fotovoltaica. Su luz es blanca, está a 127 m de altura sobre el nivel del mar y tiene un alcance de 25 millas náuticas. El faro en la actualidad está automatizado.

En fin, en las fotos podéis apreciar los maravillosos paisajes de este pequeño paraíso. Desde luego por su faro y por mucho más vale la pena hacer una e incluso más excursiones a Ons. Espero volver allí otro verano a visitar el famoso Buraco do Inferno, entre otros rincones, y quizás probar su famoso glámping ¡que tiene una pinta estupenda!

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Regreso al faro de Punta Cabalo (Illa de Arousa).

Llegando al faroHace unos días tuve la oportunidad dichosa de volver a Illa de Arousa. La primera vez sólo pasé allí unas horas; esta vez el plan era disfrutar de una estancia de varios días; pero nada de pasear, callejear, trotar ni explorar, sino relajarnos, descansar, reposar, holgazanear, sestear… ¡creo que me explico!

brillando

No obstante, teniendo cerca un faro tan hermoso como es el de Punta Cabalo, antes de marcharnos no pudimos evitar dar un paseo hasta él; el día estaba radiante y el faro brillaba al sol. Y yo feliz porque iba a estrenar mi nueva cámara de fotos, que ya hacía tiempo que necesitaba renovar, así que ¡miel sobre hojuelas!

rocas

La primera vez habíamos llegado en coche casi hasta el pie del faro. En esta ocasión aparcamos bajo unos pinos en la playa de Sualaxe y fuimos dando un agradable y pequeño paseo hasta Punta Cabalo. No pude dejar de fotografiar el faro desde varios ángulos, lo cual me obligó a escalar por lugares escabrosos y a mojarme más de lo que yo quería. Pero fue muy divertido, y así estuve probando las distintas funciones y efectos de la cámara. Aún me queda mucho por aprender sobre ella, pero aquí podéis ver alguna de sus destrezas.

retro

Aquel día aprovechamos para comer en el restaurante en el cual lo han reconvertido. Y tengo sentimientos contradictorios sobre este tema: por un lado se defiende la idea de que gracias a este nuevo uso el edificio está mucho más cuidado que antes. Pero, por otra parte, se limita la entrada a quienes no puedan o no quieran pagarse una consumición allí. Y, por cierto, no tiene una carta especialmente económica. La terraza exterior es muy agradable, con unas vistas increíbles; pero los baños son unas letrinas escondidas en el exterior de lo peor que he visto nunca. La atención del personal fue encantadora y amable; y los platos estaban realmente deliciosos: la tarta de queso con membrillo bañada en miel fue uno de los mejores postres que probé nunca ¡y seguro que he probado muchos!

restaurante

postre

Del faro en sí había comentado en su día que había sido construido en 1852 y poco más. Ahora, tras varias lecturas exhaustivas, descubrí que fue obra del ingeniero don Celedonio de Uribe, quien escogió Punta Cabalo en vez de Monte Campelo (como había previsto el Plan General de 1847) para así hacerla visible desde más puertos y también desde la entrada de la ría. Era el faro gallego más pequeño después de San Antón y A Guía.

linterna

Se le dotó de una luz fija de 4º orden, y su alcance original era de 7 millas. Su torre es hexagonal, de sillería y adosada a la fachada; tiene una escalera interior de caracol (que no vi) y un balconcillo exterior con barandilla metálica. Se encendió el 19 de octubre de 1853, el mismo día en que entró en servicio el faro de Sálvora. Y no es casualidad, ya que don Celedonio de Uribe estuvo trabajando a la vez en ambos faros. De hecho eran iguales la parte óptica fija y las lámparas de aceite.

terraza

En 1904 se efectuaron diversas reformas: cambio de lámpara, colocación de un mechero de alumbrado permanente y un mecanismo de pantallas para cambiar la apariencia de la luz. Además se instaló una escalera metálica exterior para subir a la linterna sin tener que pasar por el interior del edificio. Esta escalera ya no está allí.

antigua

Hubo más reformas en 1924 que afectaron a la apariencia de su luz y mejoraron su alcance; se retiró la linterna existente y su óptica para instalarle instrumentos procedentes de la baliza de Cabezo do Medio. Con estas reformas se suprimió el personal, que ya se jubilaba, y quedó atendido, junto con el faro de Rúa, que también se quedaba sin torrero, por el encargado del balizamiento de toda la ría. En los años 80 se reparó, debido al deterioro en el que se encontraba a causa de su automatización. Actualmente depende de la Autoridad Portuaria de Villagarcía, y el alcance de su luz es de 10 millas.

desenfocadoY así, con este broche tan bonito y con mucha pena, nos despedimos por este año de A Illa. Esperamos regresar a este pequeño paraíso el verano que viene, a disfrutar de esas playas kilométricas de fina arena, de su naturaleza, del cuidado patrimonio, de los paseos preciosos, de la gente amabilísima y de la exquisita comida. ¡Ojalá se mantenga tan genuina y sencilla muchos años!

Faro de A Porta o de punta Canabal o de Príncipe (Islas Cíes).

Faro da Porta.

Aunque hace años que visito las Islas Cíes con cierta frecuencia, los faros eran unas rutas que se me resistían, sobre todo por vagancia, debo confesar. El pensar en patear las islas bajo un sol de justicia, y subir esas escarpadas (pienso yo) pendientes, teniendo a pie de barco esa maravillosa playa de Rodas que invita al descanso y al baño, era algo con lo que no podía. Pero este año se me presentó la ocasión perfecta al encontrarnos al llegar con una niebla que refrescaba bastante el día.

Islas Cíes.

Después de que en la caseta de información nos contasen muy amablemente las distintas rutas que se nos ofrecen, escogí para empezar la que nos llevaba al faro de A Porta, también llamado faro de Punta Canabal o faro do Príncipe. Está situado en el sur de la isla de O Faro, unida a la isla de Monte Agudo por un dique y por la playa de Rodas. El recorrido que nos lleva hasta él es de unos 2 km y medio aproximadamente (¡y luego hay que volver!); nos adentra en la isla durante un tramo y después va pegado a la costa, ofreciendo unas vistas maravillosas y unos rincones preciosos, como veis en las fotos de aquí abajo. Está bien señalizado y es difícil perderse (además es una isla ¿cuánto te puedes alejar?…); y no hay tantas cuestas como pudiera parecer. Por el camino pudimos observar multitud de gaviotas con sus polluelos, que se pasean por la isla sin miedo a nadie. Y también se disfruta desde allí de una vista magnífica de la Isla de San Martiño, la isla del Sur, a la cual sólo es posible ir en barco privado. Y yo no soy tan afortunada…

dique

Isla San Martiño
El faro está datado en el año 1918, según reza una placa situada encima de la puerta. Fue construido por el ingeniero vigués Ramiro Pascual para señalizar el paso da Porta, el estrecho canal situado entre las islas Cíes; tiene 10 metros de altura. Su luz es blanca y su alcance es de 10 millas. Actualmente se alimenta de energía solar.

llegada al faro

Os enlazo un documento de la Xunta de Galicia donde se nos cuenta de forma muy amena la historia de todas las islas que forman el Parque Nacional de las Islas Atlánticas; en concreto sobre las Cíes nos habla de los primeros asentamientos en la Edad del Bronce; del paso de los romanos (quienes laspuerta del faro bautizaron como Islas de los Dioses); de su pertenencia a la Iglesia Católica y cómo resistieron los ataques de suevos y musulmanes, pero en cambio no pudieron con el Gran Olaff ni con el pirata Francis Drake. Luego la llegada del comercio y las conserveras les dio un nuevo impulso, y, cuando esto flojeó, el turismo y la búsqueda de tesoros hundidos las convirtió en objeto de deseo, hasta que se consiguió protegerlas a partir de 1980 declarándolas  Parque Natural.

Bueno, ya sólo me falta conocer otros tres faros en las Cíes. El de la isla de San Martiño va a ser algo complicado, sin medio de locomoción propio. Al faro principal de las Islas le temo un poco, esa cuesta arriba en zigzag impone mucho respeto; pero tiempo al tiempo.

Señalizaciones en el puerto de Vilaxoán (Vilagarcía de Arousa).

VilaxoánBueno, no diréis que hoy no os traigo un farito bien curioso. ¿Es blanco, rojo, verde? Difícil decidirlo. Un tanto descuidado, pero ahí está, ayudando a los pescadores a volver al pequeño puerto de Vilaxoán.

Y hasta allí fui yo, para animar a la trainera da Pobra do Caramiñal y que la próxima temporada se codee con los mejores. Y de paso aproveché para dar un paseo por el bonito puerto pesquero. Vilaxoán fue ayuntamiento independiente hasta 1913, cuando debido a sus deudas tuvo que anexionarse a Vilagarcía. La unión parece que no fue muy beneficiosa para Vilaxoán, puesto que Vilagarcía se preocupa bastante del puerto pero no tanto de la villa en sí.

muelle de Vilaxoán

En contraste con él, esta otra señalización, al norte de la primera y a pocos metros, se ve mucho más moderna pero con menos encanto, claramente y en mi opinión.

puerto VilaxoánEl puerto como veis es el típico gallego, con sus lanchiñas de colores y sus redes de pesca secando al sol. Un bonito paseo para quien se acerque hasta la parte pontevedresa de la ría de Arousa a disfrutar de sus maravillas: la vikinga villa de Catoira; la elegante Carril y sus deliciosas almejas; las islas de Cortegada, Arousa y A Toxa; la señorial Cambados con sus vinos y licores ¡y mucho más! Galicia tiene mucho pero que mucho para cautivarnos.

Faro do Museo do Mar (Vigo)

El Museo do Mar de Vigo y su faro fueron construidos sobre una antigua fábrica de conservas, la Alcabre-Molino de Viento, que también tuvo uso como matadero municipal. Se inauguró en el 2002 y fue proyectado por Aldo Rossi (quien murió antes de poder verlo acabado) y César Portela. Ambos arquitectos lo concibieron como un espacio de transición entre la tierra y el mar, siendo éste el sexto elemento del conjunto arquitectónico junto con el jardín, las naves, la plaza empedrada, el edificio de nueva planta y el muelle con el faro. El conjunto es una auténtica maravilla que es obligado visitar; los patios, miradores, plazas, galerías, playas, jardines, paseos, pasarelas, muelle… hacen del Museo un lugar único en la ciudad.

Y a pesar de todo esto nos costó muchísimo trabajo encontrarlo, incluso llevando un callejero de la ciudad y de que ya había estado allí dos años antes; pero apenas hay carteles que te guíen hasta el Museo, y el nombre en la misma puerta no me parece que se pueda ver bien. De hecho pasamos por delante sin darnos cuenta (a 20 km por hora, nada menos) y tuvimos que dar la vuelta cuando se acabó la avenida de la Atlántida.

El faro está construido en hierro, y la linterna y veleta en bronce, buscando un envejecimiento digno. Tiene la luz verde, según leí, ya que fui por la tarde y aún no estaba encendido. De todas formas creo que su uso es más simbólico y como mirador de la ría de Vigo que práctico.

Reflejo del faro en la ventana de la cantina.

Aparte de la visita al Museo recomiendo, si es posible, comer en el restaurante del Museo, O Croque. Nosotros fuimos a celebrar el día de la Madre (o de las Madres, ya que estaba la familia al completo) y disfrutamos de una comida fabulosa además de unas vistas increíbles. La carta es principalmente de pescado y marisco de la zona, como es natural, pero incluye platos de carne y deliciosos postres gallegos. La taberna exterior tiene también mucho encanto, para tomar un refresco o merendar, y las dos pequeñas playas laterales perfectas para acabar el día con un paseo y una puesta de sol!

Faro de A Guía (Vigo)

Según lo que estuve leyendo, este faro, situado cerca del puente de Rande, fue construido en 1920, aunque anteriormente parece ser que hubo otro en su lugar que en su tiempo fue el segundo más antiguo de Galicia, después de la Torre de Hércules, claro.

Me costó bastante llegar hasta el Monte ó Parque de A Guía. Salí desde el centro de la ciudad de Vigo y llevaba un plano de la zona, pero se me pusieron las cosas un poco difíciles por esa pintoresca costumbre local de no indicar hacia dónde llevan las salidas de las rotondas. Quizás estaban cambiando los carteles, no lo sé, pero tuve que dar varias vueltas y volver sobre lo andado (ó más bien sobre lo rodado) varias veces; y también preguntar en dos encrucijadas. Menos mal que a las mujeres no nos importan estas cosillas.

El entorno fue rehabilitado en el año 2010, y ahora tiene un bonito paseo marítimo de unos 700 metros bastante transitado; además el faro está justo al lado de un campo de fútbol (el día que fuimos nosotros  jugaban dos equipos juveniles), así que hay bastantes coches aparcados muy cerca. Para llegar hasta él sólo hay que recorrer unos metros a pie desde el lugar a partir del cual ya no dejan circular vehículos.

El faro está rodeado por una verja, así que no es posible acercarse a menos de tres metros, pero aunque lo afea un poco no importa, se puede ver perfectamente; las vistas de la ría de Vigo desde allí son espectaculares, me encanta la foto de abajo con el Puente de Rande al fondo. La verdad es que fue una excursión muy bonita y que vale, y mucho, la pena hacer.

Faro, y, al fondo, Puente de Rande.